"Se le ha borrado la i", dice con una sonrisa Miguel García Maldonado, técnico responsable de la obra del hotel El Algarrobico, mientras señala la fachada del edificio, en la que se puede leer: hotel legal. En julio, activistas de la ONG Greenpeace desembarcaron en la playa de El Algarrobico, en Carboneras (Almería), y asaltaron el hotel, convertido en un símbolo del urbanismo más atroz, para pintar en su fachada una denuncia: ilegal. La i desapareció a las pocas semanas bajo una capa de pintura blanca. "¿Quién habrá sido?", insiste, socarrón, el aparejador contratado por la promotora Azata del Sol.