Desde hace semanas, alrededor de 6.000 camellos salvajes invaden cada noche los pueblos de la remota zona desértica del interior australiano, el outback, en el Estado del Territorio del Norte. Rompen vallas, arrancan aparatos de aire condicionado para beber el líquido que gotea, arrasan todo lo que encuentran a su paso y una estampida incluso derribó varios contenedores y contaminó parte de las reservas de agua.