Pese a los graves impactos sociales y ambientales resultantes de la forestación de amplias áreas de territorio con especies de rápido crecimiento como eucaliptos y pinos, Ence y Botnia (junto a los grupos uruguayos COFUSA, FYMNSA e Industrias Forestales Arazatí) lograron que sus plantaciones fueran certificadas como "ambientalmente apropiadas, socialmente beneficiosas y económicamente viables".
El debate sobre las plantas de celulosa parece haber eclipsado la discusión aún más importante sobre el modelo forestal implantado en Uruguay, cuyo resultado final es la disponibilidad de madera abundante y barata que despierta el interés de la industria de la celulosa por instalarse en nuestro país.
En ese sentido, es interesante señalar que las dos empresas que están en el centro de la discusión -Ence y Botnia- poseen unas 100.