Cuando estamos conmemorando el 25 aniversario del accidente de la central de Chernóbil me doy cuenta de que poca gente sabe cuánta gente murió a consecuencia del mismo. Solemos saber que hubo que evacuar a miles de personas, que miles de niños vienen a España, todavía, a pasar los veranos porque aun sufren de todo tipo de enfermedades a causa de la radiación, pero ignoramos cuánta gente murió como consecuencia directa de la explosión.
La realidad es que murieron aproximadamente 25.000 personas. Tampoco sabemos que hasta 14 años después del accidente no se pudo clausurar la central y no sabemos, seguramente, que aun hoy el problema sigue ahí ya que las cargas radiactivas de la central no se han podido almacenar de forma segura. Hace poco se ha comenzado a construir la nueva cubierta para el reactor que explotó en 1986 y no se sabe si algún día se podrá acometer el desmontaje del reactor. Naturalmente, además del coste en vidas, todo esto habrá costado miles de millones de euros. Quizá no sepamos que a los bomberos que enviaron a combatir el fuego, y que perecieron víctimas de la radiación, les levantaron un monumento.
Según esto es muy posible que para 2050 la central de Fukushima siga siendo un problema para Japón; que sigan naciendo niños enfermos, que siga muriendo gente de cáncer producido por esta catástrofe, que las tierras, los ríos, las plantas, de kilómetros a la redonda estén contaminados, que cientos de miles de personas no hayan podido volver a sus casas, a sus trabajos, a sus vidas. Que el coste de todo esto, además del coste en vidas humanas, sea incalculable. Es de esperar que a los trabajadores que están dentro de la central combatiendo la catástrofe con sus vidas, también les habrán levantado un monumento.
Seguramente no sabemos nada de esto porque los medios no nos lo enseñan y porque el poderoso lobby pronuclear hace todo lo posible porque los accidentes se olviden lo antes posible. Echan hormigón sobre las centrales y pretenden echar hormigón también sobre el debate. De otra manera no se explica que los dos principales partidos no digan nada y no se den por enterados; no se explica que en campaña electoral ningún político diga nada del futuro de las nucleares. ¿Tendrá algo que ver con esto que las eléctricas, las dueñas de las nucleares, se hayan convertido en el mejor y más deseado retiro laboral para algunos de los más importantes políticos?