26/04/2011

Chernóbil aún busca aislar el reactor que explotó hace 25 años

Entrar en la zona de exclusión de Chernóbil pone los pelos de punta. A apenas dos horas de la bulliciosa capital ucraniana, el silencio, el abandono y la desolación nos recuerda, al ritmo que nuestro contador geiger se acelera, que nos aproximamos al escenario de la peor catástrofe nuclear en la historia de la energía nuclear civil, el reactor número 4 de la central soviética de Chernóbil, que, hace ahora 25 años, el 26 de Abril de 1986, explotó, expulsando al aire materiales altamente radiactivos desde el interior de su núcleo, contaminando así, en mayor o menor medida, gran parte de Europa, y dejó inhabitables 60.000 kilómetros cuadrados, principalmente en Bielorrusia, Ucrania y Rusia.
Un cuarto de siglo después, la ciudad de Pripyat, inaugurada tan sólo 16 años antes, en 1979 sigue siendo el mejor ejemplo de los peligros que entraña la energía atómica. Esta ciudad, construida a 16 kilómetros de la planta, donde residían los trabajadores de la misma, había sido presentada como el modelo de ciudad soviética, y contaba con todos los servicios imaginables para aquellas fechas.

Hoy es un fantasma silencioso, desasosegante. Sus calles vacías han sido vencidas por la maleza. La escuela, el restaurante social y el pabellón polideportivo, abandonados a la carrera y corroídos por el tiempo, nos recuerdan que pisamos polvo, todavía hoy radiactivo. Desde lo alto del edificio más alto de esta ciudad abandonada, de más de 15 plantas, se ve el reactor 4, el causante de este desastre, y su sarcófago, ideado para resistir 30 años, inquietantemente agrietado.

A los pies del reactor, frente a ese sarcófago construido a toda prisa en 1986, el contador geiger no cesa de emitir sus señales de peligro. Aun así, en esta zona de exclusión, de 30 km de diámetro alrededor de la central, viven más de 2500 operarios, que preparan la construcción del nuevo sarcófago que deberá sustituir las funciones del actual, seriamente dañado. La multimillonaria suma necesaria, más de 1.500 millones de euros, parece estar muy lejos de alcanzarse. Por el momento, el Gobierno ucraniano ha logrado recaudar poco más de 500 millones; y eso, tras duras y largas negociaciones.

La catástrofe de Fukushima, que las autoridades japonesas ya han equiparado con la de Chernóbil, pone además en peligro la recaudación de estos fondos internacionales, que van ahora a parar al país nipón. Sea como fuere, en Chernóbil, 25 años después, la vida humana sigue sin ser posible, y sus calles, casas, aldeas y caminos continuarán silenciosos al menos durante otros 90 años más.


 




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