Como os hacíamos llegar ayer, el Gobierno japonés subió la calificación de intensidad del accidente de Fukushima. Durante la tarde de ayer, la Organización Mundial de la Salud transmitió que dicha medida no supone incidencia alguna en la salud pública que requiera nuevas medidas de prevención.
María Neira, la responsable de Salud Pública y Medioambiente del organismo, declaró que "Desde el punto de vista de la salud pública, no hay necesidad de que se adopten nuevas medidas", más allá de las que ya se han tomado referentes a las evacuaciones cercanas al lugar.
Sí aclaró que otro asunto serían las consecuencias medioambientales, pero que no era el organismo al que representa el encargado de evaluar ese aspecto, algo que resaltó en todo momento.
Se refirió a las diferencias (en cuanto a la salud pública) entre Chernóbil y Fukushima, aclarando que la diferencia fundamental estuvo en el hecho de la ausencia de evacuaciones en la primera de ellas, lo que expuso de forma aguda a la población cercana a la central ucraniana, algo que por el contrario, sí se ha realizado en Japón, reduciendo los efectos en la salud de las personas.
"Tampoco se distribuyeron pastillas de potasio yodado, y además la tierra quedó contaminada y no se prohibió consumir los productos locales", añadió.
Otro de los aspectos que diferenció entre ambos accidentes fue la transparencia de las autoridades japonesas, que en todo momento han mantenido informada, en mayor o menor medida, a la opinión pública, algo que no ocurrió en 1986 con las autoridades soviéticas.
Por último, precisó que ahora el papel de la OMS es poner las bases, con el Gobierno japonés, para hacer estudios que evalúen las consecuencias que este accidente pueda tener a largo plazo en cuanto al funcionamiento de la glándula tiroides y otros efectos sobre la salud.
Neira también aseguró que la OMS no vería justificado imponer una prohibición general de importar ciertos productos de Japón, pues -dijo- "es suficiente con los controles previstos en el código de seguridad alimentaria".