El Gobierno de Hungría trabaja para finalizar lo antes posible un dique de emergencia para impedir nuevas fugas en la balsa de contención de residuos tóxicos que hace una semana causó un vertido de "barro rojo" en el oeste de Hungría. El depósito de la fábrica de aluminio situada en Ajke (160 kilómetros al oeste de Budapest) que causó el derrame tóxico corre el riesgo de derrumbarse por completo a raíz de una nueva fisura en su dique.
Ante este nuevo riesgo, las autoridades húngaras tuvieron que ordenar el sábado la evacuación total del pueblo de Kolontár, el más afectado por el vertido. Con respecto a las obras del dique de emergencia, trabajan en él 4.000 personas y 300 máquinas en el lugar. El Ejecutivo confía en tenerlo terminado para mañana martes, según explicó el portavoz del primer ministro húngaro, Peter Szijjarto.
Por su parte, la portavoz de Protección Civil, Györgyi Tüttös, precisó que el dique tendrá una longitud de unos 1.500 metros, de los cuales mil ya se han construido. Para la obra, de cinco metros de altura media y 25 de ancho, se utiliza con unas 40.000 toneladas de rocas dolomíticas. Además, se deberá bombear agua desde la "balsa 9", vecina a la "balsa 10" que causó la catástrofe, hacia otros depósitos para reducir la presión sobre las paredes del dique.
El primer ministro de Hungría, Viktor Orbán, anunció hoy en el Parlamento la detención del director general de la empresa de aluminio MAL, Zoltán Bakonyi, propietaria de la balsa que originó el vertido tóxico. De igual modo, el Ejecutivo ha decidido que la empresa se ponga bajo el control directo del Estado.
El "barro rojo" vertido el 4 de octubre ha anegado una superficie de 40 kilómetros cuadrados y ha causado la muerte de siete personas y unos 150 heridos, además de numerosos daños a la flora y fauna y la agricultura de la zona.