30/07/2010

¿Dónde está el petróleo del derrame del Golfo de Mexico?

Todavía no han cantado victoria y por eso se sigue construyendo un pozo alternativo que permita sellar definitivamente el pozo Macondo, averiado hace más de tres meses en el Golfo de México. Pero sí parece que los operarios de BP han logrado controlar el problema de raíz y clausurar la fuga de crudo. Gracias a ello hace ya casi dos semanas que no hay nuevo petróleo contaminando las aguas.




Aparentemente se trata de buenas noticias. Petrolera, Administración y afectados deberían estar contentos. Sin que todavía esté muy claro por qué, el manto de crudo negro se está desvaneciendo a pasos agigantados. Hace unas semanas era una mancha imparable que amenazaba con contaminar aún más las costas, pero ahora los equipos de limpieza tienen que salir en su búsqueda.

Las opiniones de los expertos son variadas pero la mayoría coincide en que se debe a una combinación de factores. Parte se lo han ido comiendo literalmente las bacterias y microorganismos del ecosistema del Golfo, acostumbrado a hacer su trabajo de limpieza de forma natural. Jeffrey Short, de la oenegé Oceana, asegura que hasta el 40% del petróleo podría haberse evaporado al llegar a la superficie.

Las hipótesis

¿Dónde están los casi 800 millones de litros de crudo? Nunca han faltado quienes aseguran que podrían estar depositado en el fondo marino. Casi cien días después el asunto sigue siendo un misterio, pero los científicos del Gobierno se decantan más por columnas submarinas de crudo y gas que por vastas cantidades de petróleo depositadas en el lecho marino.

También está el operativo de limpieza desplegado en la zona, con unas 4.000 embarcaciones que han ayudado a recoger hasta 131 millones de litros de agua contaminada. O el polémico uso de casi siete millones de litros de dispersantes químicos. O las más de 400 quemas controladas que, según datos oficiales, han acabado con 42 millones de litros de crudo superficial.

Hay quien, como la bióloga marina Jane Lubchenco, no es tan optimista. «Que haya menos petróleo en la superficie no significa que no pueda estar en las profundidades o que nuestras playas y marismas estén fuera de peligro». La directora de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica dijo estar «extremadamente preocupada» por el impacto a corto y largo plazo en el ecosistema del golfo.

«Una cosa es la superficie, pero la gran preocupación es qué pasa en el fondo marino», reconocía ayer Mickey Johnson, un pescador de Alabama en las páginas de The New York Times. Algunos componentes del petróleo habrán desaparecido, pero los hay que siguen siendo una amenaza en forma de pegajosas bolas de alquitrán que tan bien conocen los afectados por el Prestige y que resultan tan difíciles de controlar.

Y ahora, ¿qué? Ahora toca recoger el crudo y limpiar las playas afectadas, poner a salvo a las especies contaminadas y soñar con que los turistas vuelvan. Y cruzar los dedos para que el tiempo se comporte y no venga otra tormenta tropical que disperse el petróleo.

La incertidumbre sigue instalada en el Golfo. «Deberíamos ver pájaros en los humedales, cocodrilos paseándose por las marismas, pero nada, no se ve que haya mucha vida», aseguraba ayer un pescador de Luisiana mientras recorría la zona en lancha. Otros, como Olivia Burket, se quejaban a su manera: «Olvídense de la fauna o el impacto medioambiental, y piensen en la gente, en los afectados».




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