Hace cosa de un siglo, en Norteamérica, miles de árboles se enfrentaban a la desaparición. Se trataba de castaños americanos, el rey de los boques del este de los Estados Unidos. Se extinguieron por un simple problema de previsión. Los estadounidenses importaron castaños europeos, y con ellos viajó una plaga para la que la especie endémica no tenía defensas, el hongo Cryphonectria parasitica.
Curiosamente el hecho de que los emigrantes contemplase el declive de la especie aceleró su destrucción, puesto que se apresuraron a talar su valiosa madera antes de que el hongo acabase con todos los especímenes. Entre los hongos y los humanos, el castaño americano desapareció de los bosques en cuestión de décadas.
Ahora, unos voluntarios que participan en un programa de la Universidad de Virginia, han plantado un terreno de 1000 acres con esta especie (Castanea dentata) aprovechando los pocos ejemplares que quedan vivos. Su supervivencia será algo muy complicado a causa de la virulencia del hongo, pero para lograrlo, los árboles no serán exactamente iguales a los de antaño. Aprovechando que los sistemas de raíces sobreviven al hongo, los científicos han hibridado a la especie local con una especie china tratando de crear un castaño que sea todo lo americano que se pueda, excepto en su susceptibilidad a ser infectado.
La esperanza de los conservacionistas es que alguno de ellos logre hacerse resistente al hongo y crecer hasta las alturas que sus ancestros (la especie china con la que se ha hibridado es realmente bajita). Si lo consiguen, la Fundación Castaño habrá logrado despertar al árbol que una vez cubrió buena parte del territorio del este de los Estados Unidos, aunque en esta ocasión su genoma no sea 100% americano, sino un 5% chino.