27/05/2010

El SOS del atún azul

El atún azul, uno de los peces depredadores más importantes del océano Atlántico y del mar Mediterráneo, está condenado a la extinción en 2012 por la inacción de los gobiernos del Norte y organismos internacionales de control según las predicciones de los biólogos marinos y organizaciones ambientalistas. Aunque esta advertencia no es una novedad, los activistas insisten en que sí es oportuna en vista de la incapacidad de los países industrializados, en particular de los miembros de la Unión Europea (UE) y Japón, para impedir la desaparición de especies marinas esenciales para proteger la biodiversidad.


“De acuerdo a las evaluaciones de la Comisión Internacional para la Conservación del Atún Atlántico (Cicaa), la población actual del atún azul es menor a 15 por ciento de la original“, narró a Tierramérica el encargado de la campaña de océanos del capítulo francés de Greenpeace, François Chartier. La Cicaa es una organización intergubernamental responsable de la conservación de esta especie y otras afines en el Atlántico y mares adyacentes, especialmente el Mediterráneo.

Por su parte, Charles Braine, encargado de pesca sostenible en la filial francesa del Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF), recuerda que un estudio realizado por este grupo en 2009 “sugiere que el atún azul (Thunnus thynnus) desaparecerá si las medidas necesarias no son tomadas inmediatamente”. Braine ha asegurado a Tierramérica que “la extinción de este pez tendría consecuencias impredecibles para el equilibrio ecológico de su hábitat”.

En su informe Perspectiva Mundial sobre la Diversidad Biológica 3 (GBO3 por sus siglas en inglés), la Organización de las Naciones Unidas ha advertido que “la pesca excesiva seguirá deteriorando los ecosistemas marinos y llevará a la desaparición de las poblaciones de peces“. Biólogos marinos utilizan dos criterios para determinar los riesgos de la vida marina: por una parte, la tasa de natalidad de las especies, medida como alta, débil o mediana, y por la otra se toma la población de referencia para censar la población actual.

“Como la tasa del atún azul es considerada mediana, la reducción a menos del 15 por ciento de la población original es un indicador de riesgo extremo de extinción”, explica Chartier. El peligro para el atún azul se acentuó después del fracaso de la 15 Conferencia de las Partes de la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (Cites). Chartier considera incomprensible e inescrupulosa la actitud de la UE y de Japón, que no sostuvieron la moción de prohibir el comercio internacional del atún azul, presentada por Mónaco en esa conferencia de la Cites, realizada del 13 al 25 de marzo en Doha.

Si bien “la UE apoyó en apariencia esa propuesta de Mónaco de ilegalizar toda pesca del pez, al mismo tiempo pidió más estudios para documentar los riesgos de extinción. Los gobiernos europeos saben que esa evidencia es abundante e incuestionable”. La decisión final de la Cites, de no prohibir ese comercio internacional, favorece tanto a las compañías de pesca industrial del atún como a las operadores de granjas de engorde, ubicadas sobre todo en países de la UE, como Francia, España, Italia, Grecia y Malta.

Los otros grandes beneficiarios de esta explotación son compañías atuneras japonesas y de países de la cuenca del Mediterráneo, como Argelia, Croacia, Turquía, Túnez, Libia y Marruecos. Todo el atún azul pescado en el Mediterráneo es engordado en muy corto tiempo en las granjas que operan en aguas de Malta, alrededor de las españolas Islas Baleares, Grecia y Croacia, para luego ser exportado a Japón.

Braine puso a consideración otro estudio del WWF sobre las dimensiones de la flota atunera de los países de la cuenca del Mediterráneo, que ya demostró en 2008 la incongruencia entre su capacidad de pesca, los inventarios de población de la especie y los límites legales de capturas, establecidos por la Cicaa. Esta entidad estableció en noviembre un total máximo de captura del Thunnus thynnus de 13.500 toneladas para 2010. Pero la capacidad de los pesqueros de cerco utilizados en el mar Mediterráneo es de 55.000 toneladas.

“Eso significa que, dados los costos de operación y mantenimiento de una flota sobredimensionada, o las compañías pesqueras operan con pérdidas cuantiosas o no respetan los límites legales“, sostuvo Braine. A su vez, Chartier apuntó a las contradicciones de la Cicaa. “En 2008, el comité científico de esta comisión estableció que una cuota máxima de captura de 8.000 toneladas ofrecía una probabilidad de 50 por ciento de garantizar la recuperación de la especie en 2023″. Es decir que la cuota máxima oficial de 13.500 toneladas es muy alta, según los propios criterios de la Cicaa. Además, no será respetada por las firmas pesqueras, so pena de mantener la mayoría de sus barcos inmovilizados.




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