La Administración Obama destinará 35.000 millones de euros (el triple que el pasado año) a la construcción de centrales nucleares de nueva generación, para así reducir la dependencia estadounidense del petróleo extranjero y del uso de otros combustibles contaminantes, como el carbón. El reparto de estos fondos no ha tardado en concretarse. En pleno apogeo del debate nuclear, el nombre de Obama vuelve a saltar a la palestra tras el anuncio de la construcción de las 2 primeras centrales nucleares estadounidenses de las 3 últimas décadas.
El presidente norteamericano acaba de concretar su apuesta por este tipo de energía –de la que ya se había mostrado partidario desde su campaña electoral– a través de la concesión de una garantía de préstamo de su Gobierno de 8.300 millones de dólares (6.100 millones de euros) para las dos centrales que se construirán en el estado de Georgia.
Según las previsiones, la empresa Southern Company, debería obtener los permisos de la Comisión de Regulación Nuclear, una agencia independiente de la Casa Blanca, a lo largo de este año. De ser aprobado, el proyecto implicaría la puesta en marcha de los reactores 105 y 106 del país –las 104 plantas ya existentes producen el 20% de la energía de EE UU–, cuya construcción costaría unos 14.500 millones de dólares. La empresa aspira a tenerlos en funcionamiento en 2016 o 2017.
No son pocos los que aseguran que esta inyección de dólares se debe a los problemas que Obama está encontrando a la hora de aprobar una ley de energía que impulse el uso de energías renovables, para lo cual precisa el apoyo de los republicanos, mayoritariamente partidarios del uso de la nuclear frente a la necesidad de reducir las emisiones contaminantes.
Por otra parte, también se ha creado un grupo de expertos –la Comisión para el Futuro Nuclear de los EE UU, presidida por el actual secretario de Energía, Steven Chu– para estudiar la forma más segura de almacenar el material radioactivo. La constitución del grupo viene derivada del fuerte rechazo que encontrase la idea de instalar un cementerio nuclear geológico profundo en Yuca Mountain (Nevada).