El aceite industrial (el que utilizan los motores de los vehículos o la maquinaria industrial), una vez usado, se convierte en un residuo altamente contaminante. Es el primer residuo sobre el que la UE mostró su preocupación hace ya 35 años. Hoy, en España se generan anualmente cerca de 200.000 toneladas de aceite industrial usado.
Tan sólo dos litros (lo que se retira en el cambio de aceite de un turismo) son capaces de contaminar todo el agua de una piscina olímpica y un solo litro puede contaminar la superficie de un campo de fútbol.
De hecho, es uno de los residuos más contaminantes que existen. Por su contenido en metales pesados y su baja biodegradabilidad, su vertido contamina tanto el suelo como las aguas superficiales y subterráneas, afectando gravemente a la fertilidad del suelo. Está comprobado que en el mar un compuesto hidrocarbonado como el aceite usado puede perdurar 10 o 15 años. Sin embargo, este potencial contaminante se puede evitar si el aceite usado es extraído, almacenado y tratado adecuadamente.
En España existe una entidad sin ánimo de lucro que se ocupa de que así se haga. Se trata de un sistema integrado de gestión (SIG) de aceites usados, que opera bajo el nombre de SIGAUS y cuya creación se produce poco antes de la entrada en vigor, en 2007, de la nueva normativa sobre aceites usados, que obliga a los fabricantes del lubricante a hacerse cargo del residuo que producirán sus productos.
En el año 2008, SIGAUS recuperó 180.000 toneladas de aceite usado. Dos terceras partes de esa cantidad fue regenerado, es decir, “refinado” para obtener nuevamente una base lubricante con la que fabricar nuevos aceites. Gracias a este tratamiento se pudo devolver al mercado cerca de 80.000 toneladas de lubricante, para obtener esa misma cantidad en un proceso de primer refino se necesitarían 28 millones de barriles de petróleo.