02/05/2012

Conducir más con menos gasolina

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Raul Novillas y Roger Casas montando el motor en su taller.
Dos estudiantes de Ingeniería Técnica Industrial crean un motor que reduce en un 20% el consumo de gasolina gracias a la combinación del carburante con hidrógeno. ¿Por qué el mercado no ha acogido esta iniciativa?

Después de varios años de ir y venir en coche de Igualada a su Universidad en Manresa, Roger Casas y Raúl Novillas acabaron sufriendo, como tantos otros, la subida de precio de la gasolina. Cansados de ver cómo se les vaciaban los bolsillos en tiempos de crisis, estos dos estudiantes de Ingeniería Técnica Industrial en la EPSEM decidieron sumar esta problemática a su pasión por el motor y así encarrilar su trabajo de final de carrera por esta vía.

El campo de las energías alternativas está muy manido, pero en lugar de aventurarse por caminos ya investigados y buscar una nueva alternativa al petróleo, decidieron sacar más partido al combustible e intentar alargar su rendimiento. Encontraron la solución en el agua: si descomponían las partículas de agua (H2O) en sus elementos básicos (Hidrógeno y Oxigeno) y combinaban estos gases con la gasolina del motor, ésta tardaba más tiempo en consumirse y, por tanto, no sólo rendía más, sino que también reducía las emisiones de CO2.

La propuesta de llevar a cabo un trabajo práctico, más allá del meramente teórico, y crear un motor operativo fue acogido con escepticismo por la Universidad. Pese a ello, recibieron las ayudas que el centro pudo facilitarles a través de su tutor José Juan de Felipe, profesor del Departamento de Máquinas y Motores Térmicos, mientras que el trabajo práctico lo desarrollaron en el garaje de Roger. Trabajaron en ello durante año y medio los fines de semana, hasta seis horas por día, y especialmente en verano.

Dado que la Universidad se conformaba con cada logro que obtenían, tuvieron que ser los propios estudiantes los que se exigían llegar cada vez más lejos. La autodisciplina y las ganas de superarse se materializaron en la creación de un motor híbrido que consumía un 20% menos de gasolina que un motor convencional. Finalmente, sus esfuerzos se han visto recompensados con la otorgación del XV Premio Domènec Valero y una dotación económica de 1.000 euros, que les sufragó los gastos del trabajo.

El agua: una alternativa barata

Usaron como base un motor de Citroën AX, 1.4 cc, que encontraron en una chatarrería, al que añadieron su sistema de generación de hidrógeno. Para saber si su proyecto cumplía con los objetivos deseados, midieron la gasolina que consumía en un tiempo determinado antes de aplicarle sus modificaciones. Una vez construido el motor de hidrógeno, repitieron el mismo experimento para comprobar si los resultados habían mejorado.

Para disociar el hidrógeno y el oxígeno del agua necesitaban electricidad, que obtuvieron de unas baterías. La separación del hidrógeno del agua se obtiene mediante un fenómeno llamado electrólisis. Su máquina de generación de hidrógeno efectuaba este proceso mediante la colocación de unas placas con carga positiva, negativa y neutra dentro de un recipiente cerrado lleno de agua. La carga eléctrica separaba el hidrógeno y el oxígeno del agua que contenía el recipiente.

El proceso de generación de hidrógeno se pone en marcha junto con el motor. Por tanto, el hidrógeno generado se quema al instante y no hay necesidad de almacenarlo. Cuando se para el motor, se deja asimismo de producir hidrógeno. Con esto se han ahorrado el problema de tener que almacenar los átomos de hidrógeno, unas partículas altamente inestables y explosivas.

El resultado fue positivo: habían logrado un 20% de ahorro de gasolina, y teniendo en cuenta que 4 litros de agua destilada valen unos dos euros, el proceso salía a cuenta. Calcularon, por otro lado, que tardaría unas 425 horas de funcionamiento (unos 42.000 km aproximadamente) en amortizar el coste del coche más el del motor híbrido, que salía a unos 300 euros.

El petróleo: un competidor peligroso

A pesar de que ya existan gasolineras pensadas para los motores puramente de hidrógeno (las llamadas "hidrogeneras"), no es una práctica muy extendida. El hecho de que dos alumnos de ingeniería hayan podido obtener un 20% de ahorro en año y medio de investigación y con escaso presupuesto, demuestra cómo las multinacionales automovilísticas no están interesadas en invertir en estos proyectos, ya que sino los hubiesen desarrollado hace años. Según los propios estudiantes, "es poco probable que esta innovación se llegara a instalar en un coche de serie" mientras sigan existiendo las empresas petrolíferas como competencia. Aun así, estarían dispuestos a seguir investigando y trabajando con el motor de hidrógeno si alguna empresa estuviera interesada en mejorarlo.



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