Un estudio ha analizado la capacidad de respuesta frente a la sequía de los helechos que forman el sotobosque de los bosques de secuoyas rojas de California.
Desde hace ya muchos años, la expansión mundial del negocio del papel y la celulosa viene cubriendo millones de hectáreas de tierra con monocultivos de árboles a gran escala. Disfrazados en general como “bosques”, estos “desiertos verdes” han invadido vastos territorios y ecosistemas ricos, principalmente del Sur global.
Madagascar es la cuarta isla más grande del mundo y se la identifica a menudo como uno de los países más pobres de África, con más de tres cuartos de su población dependiente principalmente de la agricultura para su subsistencia.
Plantar árboles y crear bosques podrían ser claves para lograr ese mundo más habitable que necesitamos. La historia nos demuestra que muchas veces el bosque precede a las civilizaciones y a estas le siguen los desiertos. Por eso, es urgente replantearse y cambiar una economía caduca, voraz y destructiva para poder integrar de nuevo el árbol como motor de vida. El modelo económico que se ha implantado en las últimas décadas estaba basado en un crecimiento desmedido, entre otros sectores, el de la construcción, expandido de una forma irreflexiva, innecesaria e insostenible.
Como resultado de la creciente preocupación que suscita el cambio climático, los bosques figuran nuevamente entre los primeros puntos de la agenda internacional, principalmente en lo referente a su función como reservorios de carbono. Está ampliamente reconocido que los bosques pueden contribuir a mitigar (si se los conserva) o a empeorar (si se los destruye) el peligro inminente del cambio climático. Sin embargo, ¿se está hablando realmente de bosques?
Algunos expertos en sus paseos botánicos por el parquet de las bolsas del mundo han visto, con lupas frente a los ojos, crecer los primeros brotes verdes. Qué astucia y qué capacidad de observación demuestran.
Un bosque es un ecosistema natural complejo, dominado por especies arbóreas autóctonas locales y su vegetación acompañante, animales, hongos y microorganismos del suelo. Todos estos elementos establecen entre sí interrelaciones perdurables en el tiempo, autoabasteciéndose sin necesidad de la intervención del ser humano, no es por tanto, un conjunto de árboles uniformes y de idéntica edad.