América Latina debe construir convenciones regionales para proteger la biodiversidad y combatir el impacto del cambio climático, según la ecuatoriana Yolanda Kakabadse, presidenta del no gubernamental Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF).
El concepto "Biodiversidad" se ha definido de diferentes maneras, pero en general, el significado de diversos autores llega a la misma conclusión: "Biodiversidad es la variabilidad de organismos vivos de cualquier fuente, incluidos además los ecosistemas; comprende la diversidad dentro de cada especie, entre las especies y de los ecosistemas".
El papel de la biodiversidad en la política sobre el cambio climático está recibiendo una mayor atención: no sólo en cuanto a cómo la pérdida de biodiversidad agrava el cambio climático sino también cómo la protección de la biodiversidad debe ser el centro en cualquier estrategia efectiva de adaptación o de mitigación. Las partes deben garantizar que los principios de la CDB (por ejemplo, principio de precaución, el enfoque ecosistémico, los derechos de los Pueblos Indígenas) se respeten y se apliquen en todas las estrategias para combatir el cambio climático. La conservación de la biodiversidad no se logra a través de los mecanismos de mercado y tecno-soluciones que predominan entre las actuales opciones de políticas públicas; de hecho existe el peligro de que el exceso de confianza en los enfoques de mercado y las tecnologías no probadas podría empeorar la protección de la biodiversidad.
El 7 de junio de 2007 el presidente de la república del Ecuador, Rafael Correa, que justo había asumido la presidencia del país cinco meses antes, presentó oficialmente la iniciativa del “Yasuní ITT”, un proyecto cuya piedra angular gira en torno a la no explotación de tres campos petroleros del país, que justamente se encuentran dentro del Parque Nacional Yasuní, en la amazonía, a cambio de una contribución mínima por parte de la comunidad internacional del 50% de los beneficios que obtendría el estado ecuatoriano en caso de explotar el crudo. El pasado martes 3 de agosto el gobierno y el PNUD firmaron el fideicomiso con el fin de recoger los aportes internacionales.
La biodiversidad no se reparte de forma equitativa por el planeta. Un pequeño grupo de países, cuya superficie supone el 10% de la superficie de la Tierra, alberga el 70% del total de especies animales y vegetales. Brasil, Colombia o China son algunos de estos países megadiversos, que se han unido para defender sus derechos y proteger toda su riqueza natural de las cada vez mayores amenazas.
Si no lo hace por los seres vivos, hágalo al menos por su negocio. La pérdida de biodiversidad reduce los beneficios de las empresas. Diversos informes señalan que gran parte de los empresarios no asumen esta realidad. Por ello, señalan a los consumidores, cada vez más concienciados por el medio ambiente, como claves para cambiar las tendencias de mercado y mejorar la conservación de la naturaleza.
Así es como luchan nuestros políticos por salvar la biodiversidad de nuestro planeta: “Los ministros europeos de Medio Ambiente se comprometieron a detener la pérdida de biodiversidad en la Unión Europea en 2020, lo que supone aplazar en diez años el objetivo que los Veintisiete se marcaron para frenar ya en 2010 la extinción de especies naturales”
El 22 de abril se celebra el Día Mundial de la Tierra, una cita señalada en verde en el calendario internacional para recordarnos la importancia de conservar los recursos naturales finitos del planeta que habitamos. Este año en Andalucía han coincidido, además, varios factores que han ayudado a dar mayor relevancia a esta fecha: por un lado, se ha cumplido el 40 aniversario desde que el evento adquiriese naturaleza y reconocimiento oficiales; por otro, 2010 es también el año internacional de la biodiversidad, con lo que la conjunción de ambas realidades ha tenido un efecto amplificador sobre la claridad y contundencia del mensaje: para vivir es necesario conservar.
Los vaivenes de las modas, en especial las gastronómicas y textiles, y de las creencias sobrenaturales son algunas de las causas de la amenaza de extinción de especies de fauna y flora silvestres. La súbita voracidad, sobre todo en Japón y en sectores de alto consumo de Occidente, por dos platos de origen japonés, el sushi y el sashimi, diezman las poblaciones de atún rojo del Atlántico, conocido como el rey de los océanos por su volumen, de hasta cuatro metros de largo y 700 kilogramos.
El mundo enfrenta una crisis global de extinción que amenaza no sólo al medio ambiente natural, sino también a la humanidad misma. Toda la vida en el planeta depende de las especies, los ecosistemas y los recursos naturales. Debemos salvaguardarlos antes de que sea demasiado tarde, porque estamos destruyendo, con un ritmo cada vez más acelerado, la infraestructura natural de la que dependemos.