Siempre se aterriza como se parte, contra el viento, por las reglas de la aerodinámica según me contaron de pequeño, que hacen que "un trasto" de miles de toneladas sea capaz de surcar el cielo sin caer al primer intento " ¡lo cual ya despierta ciertos interrogantes!-, mientras los ocupantes "oramos" a todo aquello que constituya firmeza, fortaleza, algo donde asirse y un buen aterrizaje, según "el trasto" avanza. Siempre me ha gustado asomarme al angosto e inquietante espacio de la ventanilla, llena de lugares a los que dirigir la mirada, donde pareces un docto profesor de geografía, aunque cuando dices estar viendo la bahía de Cádiz, probablemente ya estás sobrevolando Casablanca y tras un largo e inmenso mar azul, Tegucigalpa o Lima, o aterrizando en Tenerife o en Buenos Aires" Todo depende de las horas de vuelo y el destino marcado, que esos seres increíbles en forma de "argonáutas" epopéyicos nos ofrecen.
Viajar es bueno.