
Creo que aparte de la simpatía personal que el señor Irwin irradiaba a través de la pantalla, quedaba claro que sus programas poco tenían que ver con la defensa del ambiente y la transmisión de valores referidos a la naturaleza y en cambio mucho que ver con el peligro y la muerte en que él, voluntariamente se colocaba, utilizando como coprotagonistas a diversos animales salvajes.
El peligro, el riesgo, la promesa de una posible tragedia que flotaba sobre su cabeza en todos y cada uno de los episodios de su popular serie era el eje central, el "leit motiv" de su oferta mediática.
Como bien lo señala Jesús González Requena en su libro El Discurso Televisivo: Espectáculo de la Posmodernidad, "El discurso televisivo dominante vacío de ideologías, lejos de sustentar una ideología tiende a vaciar el universo de ideologías, sistemas de valores, etc, todo lo convierte en- y es reducido a- espectáculo, valor de cambio visual".