Ya desde la prehistoria el hombre supo sacar partido de la incansable labor de las abejas.Los egipcios, los griegos, los romanos ", la historia y evolución del hombre esta íntimamente ligada a la abeja. Durante siglos su cera alumbro nuestras noches, y sus productos nos alimentan y hasta nos curan, y no somos la única especie del planeta que lo hace, ya que el principal valor de la abeja no radica en los productos que cosecha, si no en su imprescindible labor de polinizador de las especies vegetales, que tanto optimiza los rendimientos de las cosechas como garantiza la biodiversidad del medio. La abeja, siendo el principal y más eficaz polinizar, protagoniza una labor fundamental en la naturaleza, ya que más del 70% de las especies vegetales precisan de su laborioso buen hacer para su reproducción. La desaparición de la abeja, conllevaría un serio problema de mantenimiento y equilibrio de la naturaleza.
En los últimos años estamos asistiendo alarmados e impotentes a un gran descenso del número de polinizadores, tanto de las abejas que están en mano del hombre como del resto de los insectos silvestres.