Ya se ocuparán otros de anunciar las cifras de la nueva desgracia que acaba de abatirse sobre Haití. Yo sólo quiero recordar ahora hasta qué punto esta isla en la que he venido realizando numerosos reportajes periodísticos ha sido destruida social y ecológicamente en las últimas décadas con la complicidad de los EEUU y de la ONU.
Tenemos que empezar el año con esperanza, pues urge hacer frente al clima de conmoción y de frustración que significó la COP 15 de Copenhague. Ciertamente, el calentamiento global comporta graves consecuencias. Sin embargo, desde una perspectiva más filosofante, no estaría destinado a destruir el proyecto planetario humano, sino que lo obligaría a elevarse a un estadio más alto para que sea realmente planetario. Urge pasar de lo local a lo global y de lo nacional a lo planetario.
Los seísmos y otras catástrofes naturales no son selectivos ni discriminatorios. Se presentan sin previo aviso y aleatoriamente. Sus consecuencias, en cambio, son claramente mucho más dramáticas allá donde la pobreza ya es causante de muchas desdichas.
A primera vista, la hacienda de Riswick es una moderna instalación agrícola más: en medio de grandes extensiones de tierra cultivada se erigen establos de construcción reciente, similares a tantos otros en Europa. Pero Riswick es una finca modelo experimental de la pequeña localidad de Kleve, situada a unos 460 kilómetros al suroeste de Berlín y a pocos kilómetros de la frontera alemana con Holanda. La Facultad de Agricultura de la Universidad de Bonn está encargada de gestionarla.
La última vez que unas negociaciones globales se desmoronaron como estas fue en Doha, en el año 2001. Después del fracaso de estas conversaciones sobre el comercio, la Organización Mundial del Comercio (OMC) tranquilizó a los delegados diciéndoles que no había nada que temer: se irían a México, donde se lograría un acuerdo. Las negociaciones se celebraron en la arena del centro turístico mexicano de Cancún, para nunca reaparecer. Tras ocho años de vacilaciones, no se ha llegado a ningún acuerdo.
La disputa sobre el cambio climático no sólo es una batalla entre ricos y pobres: ilustra la futilidad de la obsesión del crecimiento económico. Y bien: la cumbre de Copenhague no transmitió ninguna esperanza de cambio substancial, ni siquiera una indicación de que los líderes mundiales sean suficientemente conscientes de la vastedad y urgencia del problema. Pero, ¿constituye eso una sorpresa?
"Al principio creía que luchaba por salvar a las heveas (plantas del caucho), luego que lo hacía para salvar a la selva amazónica. Ahora comprendo que lucho por la humanidad" Chico Mendes (algunos meses antes de ser asesinado).
Cerca de mi casa, en la misma Barcelona, se ha descubierto ¡petróleo! En una de las muchas obras que nos asolan han brotado pequeños regueros negros y aceitosos que, efectivamente, demuestran la existencia de petróleo. De momento muy poca gente lo sabe, aunque me consta que algunos jubilados lo sospechan. Yo lo descubrí por la noche, sacando a pasear a la perra. Junto a las excavadoras y grúas vi un grupo de personas todas vestidas con monos blancos, cascos de obra y mascarillas de protección. Ingenieros, seguro.