De lo último se encargan ante todo los países industrializados: con sólo el 20% de la población mundial, emiten el 60% de dióxido de carbono, metano y otros gases letales desprendidos del uso de combustibles fósiles "petróleo, carbón, gas natural" que se estacionan en las capas inferiores de la atmósfera, forman una suerte de manto que retiene el calor solar y producen el llamado "efecto invernadero" que está sobrecalentando el planeta.
Las consecuencias se conocen: alza del nivel del mar por el deshielo de glaciares de la Antártida y de Groenlandia, olas de calor como la que provocó la muerte de miles de europeos en el 2003, intensificación de tormentas como los cuatro huracanes que en cinco semanas del mismo año asolaron Florida y el Caribe, exceso de lluvias e inundaciones en algunas zonas, sequías y desertificación en otras, y una desintegración de ecosistemas que amenaza la existencia de numerosas especies animales y vegetales. El fenómeno castiga sobre todo a los más pobres de los países pobres.