"El Parque Nacional Doñana es el único espacio protegido de Andalucía que está declarado Patrimonio de la Humanidad (1994, Unesco). Desde 1995 está reconocido, por el Consejo de Europa, con el Diploma Europeo de áreas protegidas, que viene dado por el estado de conservación, planificación y gestión integrada de los recursos naturales.
Xavier Surinyach es un fotógrafo y aventurero catalán de La Garriga (Barcelona) que viaja a África lo que la economía le permite. Hasta siete veces ha ido en los últimos años a la zona del Serengeti (Tanzania). La octava visita está prevista para el mes que viene, y entonces espera volver a contemplar un espectáculo en el que más de un millón de ungulados (entre ñus, cebras y gacelas) regresan al parque desde la norteña reserva de Masai Mara (Kenia) siguiendo el ciclo de las lluvias. Pero quizá el año que viene una carretera haya acabado con lo que llaman la gran migración.
Es la lucha de una pequeña comunidad esquimal de Alaska y de un nutrido grupo de ecologistas contra el tándem formado por la petrolera Shell y la Administración Obama. La lucha por preservar el frágil ecosistema del Ártico contra la búsqueda de nuevas reservas de petróleo sin explotar para tratar de saciar la sed insaciable de combustible de Estados Unidos.
Desde hace ya muchos años, la expansión mundial del negocio del papel y la celulosa viene cubriendo millones de hectáreas de tierra con monocultivos de árboles a gran escala. Disfrazados en general como “bosques”, estos “desiertos verdes” han invadido vastos territorios y ecosistemas ricos, principalmente del Sur global.
El día 9 de junio la Agencia de Protección Ambiental de EE.UU. (EPA) anuncia que tomará acciones para prohibir el uso del agrotóxico endosulfán.
British Petroleum (BP) anuncia un “paquete de ayudas” de 90 millones de dólares para “limpiar” toneladas de petróleo que, desde hace días, se fugan desde una tubería rota a 7 kilómetros de profundidad.
La protección de los espacios naturales trae efectos colaterales: salen en la prensa, sus tesoros van de boca en boca e, irremediablemente, se produce la invasión de visitantes. La clave está en buscar el equilibrio
La Justicia de Santa Fe dejó firme la prohibición de utilizar glifosato, el pilar fundamental de la producción sojera, en cercanías de zonas urbanas. El fallo marca jurisprudencia, invierte el cargo de la prueba y exige nuevos estudios a la provincia.
Las comunidades de todo el mundo —pero también de América Latina— están sufriendo una renovada invasión de sus tierras, que asume ahora un nuevo rostro. No son los terratenientes de antes, herederos de los invasores europeos que abrieron encomiendas, juntaron esclavos y explotaron los dominios coloniales. No son los grandes finqueros de los últimos dos siglos, que expandieron sus dominios a costa de los territorios de los pueblos indios para emprender negocios de exportación con monocultivos básicos como la caña de azúcar, el café, el cacao, el banano, el henequén, el chicle o la madera, y que dependían de los peones acasillados, en el sistema de “servidumbre por deuda” —literalmente presos de sus patrones. No son ya ésos que impusieron y expandieron por vez primera el sistema industrial agrícola, ni quienes saquearon los saberes ancestrales de la gente para irse adaptando a sus nuevos entornos y a desconocidas condiciones climáticas.