Desde hace ya muchos años, la expansión mundial del negocio del papel y la celulosa viene cubriendo millones de hectáreas de tierra con monocultivos de árboles a gran escala. Disfrazados en general como “bosques”, estos “desiertos verdes” han invadido vastos territorios y ecosistemas ricos, principalmente del Sur global.
El día 9 de junio la Agencia de Protección Ambiental de EE.UU. (EPA) anuncia que tomará acciones para prohibir el uso del agrotóxico endosulfán.
British Petroleum (BP) anuncia un “paquete de ayudas” de 90 millones de dólares para “limpiar” toneladas de petróleo que, desde hace días, se fugan desde una tubería rota a 7 kilómetros de profundidad.
La protección de los espacios naturales trae efectos colaterales: salen en la prensa, sus tesoros van de boca en boca e, irremediablemente, se produce la invasión de visitantes. La clave está en buscar el equilibrio
La Justicia de Santa Fe dejó firme la prohibición de utilizar glifosato, el pilar fundamental de la producción sojera, en cercanías de zonas urbanas. El fallo marca jurisprudencia, invierte el cargo de la prueba y exige nuevos estudios a la provincia.
Las comunidades de todo el mundo —pero también de América Latina— están sufriendo una renovada invasión de sus tierras, que asume ahora un nuevo rostro. No son los terratenientes de antes, herederos de los invasores europeos que abrieron encomiendas, juntaron esclavos y explotaron los dominios coloniales. No son los grandes finqueros de los últimos dos siglos, que expandieron sus dominios a costa de los territorios de los pueblos indios para emprender negocios de exportación con monocultivos básicos como la caña de azúcar, el café, el cacao, el banano, el henequén, el chicle o la madera, y que dependían de los peones acasillados, en el sistema de “servidumbre por deuda” —literalmente presos de sus patrones. No son ya ésos que impusieron y expandieron por vez primera el sistema industrial agrícola, ni quienes saquearon los saberes ancestrales de la gente para irse adaptando a sus nuevos entornos y a desconocidas condiciones climáticas.
El pasado domingo día 28 de junio el programa El Escarabajo Verde emitió un reportaje sobre la explotación de carbón a cielo abierto en la comarca de Laciana (León). Esta comarca situada en el noroccidente de la provincia de León goza de las mayores niveles de protección: Lugar de Importancia Comunitaria (LIC), Zona de Especial Protección para las Aves (ZEPA), se encuentra dentro de la Red Natura 2000, Reserva de la Biosfera y está incluida en los Planes de Recuperación del Oso Pardo y del Urogallo Cantábrico. Casi nada.
La periodista Amy Goodman cuenta que, en 1998, visitó a la familia de Ken Saro-Wiwa, el poeta y activista nigeriano ahorcado, junto a ocho compañeros más, tres años antes por las fuerzas militares nigerianas, acusado de liderar el enfrentamiento del pueblo Ogoni frente a la transnacional Royal Dutch Shell. El padre de Ken –dice Amy– fue muy claro: “Shell fue la primera empresa que el gobierno nigeriano utilizó para saquear nuestra propiedad, para quemar nuestras casas (…). Shell tiene las manos manchadas de sangre en el asesinato de mi hijo”. Aunque la petrolera niega cualquier implicación, este pasado mes de junio acaba de aceptar pagar unos 11 millones de euros para poner fin al juicio que afrontaba al respecto frente al Tribunal Federal de Nueva York.
Hace 10 años, el porta contenedores alemán Sea Paraná y el buque tanque de la petrolera Shell Estrella Pampeana colisionaban en aguas del Río de la Plata, a la altura del Km 93 del canal de acceso a Buenos Aires, derramando 5.400 metros cúbicos de petróleo sobre las costas del partido bonaerense de Magdalena. Cinco días después eran 16 los kilómetros de costa ribereña teñidas por el crudo.