Los países de América Latina tendrán que impulsar con mayor énfasis las energías renovables, si un nuevo acuerdo internacional climático determina que las fuentes alternativas deben crecer en el escenario energético mundial. Brasil lidera el desarrollo de energías renovables en la región, en tanto que naciones como México, Perú, Chile y Argentina dan pasos lentos para transformar su matriz energética.
El debate actual gira en torno a una cuestión básica: si ya hemos alcanzado el pico de la producción de petróleo o si ello no ocurrirá, como mínimo, hasta la próxima década. De una cosa no hay dudas: estamos pasando de una era basada en petróleo como principal fuente de energía a otra en la que una proporción cada vez mayor de los insumos energéticos provendrán de energías alternativas, sobre todo, de energías renovables derivadas del sol, el viento o las olas. Ahora bien: ajústense los cinturones, porque será un viaje turbulento y bajo condiciones extremas.
Existe un consenso creciente que la situación actual mundial necesita en forma urgente generar nuevas ideas y más aún, nuevos modos de pensar y de actuar. Es cada vez más obvio que las visiones parcializadas, disociando al ser humano en comportamientos estancos no están dando resultados eficaces para resolver los grandes y complejos problemas que enfrenta hoy la humanidad.
Mientras el Norte industrial se propone cambiar el predominio de su matriz energética de fuentes emisoras de carbono a otras más limpias, 1.600 millones de personas carecen de electricidad y 2.400 millones cocinan y calientan sus hogares con leña y estiércol.
La "nueva economía de la energía" lanzada por el gobierno estadounidense completa el circulo de fenómenos que conducen a un cambio de época en la materia en el mundo, con el eclipse del motor a gasolina en los vehículos y el surgimiento de un nuevo paradigma energético donde el petróleo perderá su reinado.
España es el segundo mayor productor de energía eólica del mundo, después de Alemania y delante de Estados Unidos, y prevé seguir aumentando su infraestructura al punto de que para 2012 se habrán duplicado las cifras actuales. Pero aparecen alertas ante normas que pueden frenar ese desarrollo.