"Al principio creía que luchaba por salvar a las heveas (plantas del caucho), luego que lo hacía para salvar a la selva amazónica. Ahora comprendo que lucho por la humanidad" Chico Mendes (algunos meses antes de ser asesinado).
Hay soluciones a la crisis del clima. Lo que necesitan los pueblos y el planeta es una transición justa y sostenible de nuestras sociedades a un modelo que garantice el derecho a la vida y la dignidad de todas las personas, y entregue un planeta más fértil y vidas más plenas a las generaciones presentes y futuras.
Comenzó el lunes 7, en Copenhague, Dinamarca, un nuevo episodio del culebrón titulado Cumbre del Clima, entre otras denominaciones. En el desarrollo de la misma y hasta el día 18 de diciembre, el fiel de la balanza oscilará entre la ceguera y necedad de seguir adelante con un modelo capitalista inviable y la capacidad, racionalidad y voluntad de aquellos que intentan trabajar en beneficio de un destino común, más justo y solidario.
El cambio climático es ante todo un problema social derivado de un cambio global en el ecosistema. En Copenhague los negociadores deberán decidir cómo afrontar este problema socio-ecológico decidiendo entre otros aspectos cómo se reparten las responsabilidades en las emisiones y quién financia los impactos ya inevitables. Las decisiones afectarán a todos, pero un mal acuerdo perjudicará en mayor medida a los más pobres y a muchos de los países menos emisores, dificultando así su desarrollo y convirtiéndose el cambio climático en un potente elemento de anticooperación. A continuación se dan algunas claves para analizar estas cuestiones.