
Su bajo coste y su capacidad de disminuir el punto de congelación del agua hacen de la sal común (cloruro sódico) la sustancia más económica y efectiva en la lucha contra la acumulación de nieve y las resbaladizas y peligrosas placas de hielo en carreteras y centros urbanos. Sin embargo, un vertido masivo e indiscriminado conlleva negativas consecuencias ecológicas, económicas y sanitarias. Su uso se puede reducir con otras sustancias alternativas que la sustituyen o se combinan con ella, pero sobre todo, con una utilización selectiva y organizada.