El cambio climático global, situación alarmante y generadora de actuares, ha sido un tema de discusión durante varios años.
Algunas ONG alertan sobre el peligro de producir más alimentos con fertilizantes y modificaciones genéticas, ¿pero es ese análisis aplicable a nuestra realidad?
Cada día nos llevamos a la boca decenas de alimentos. Confiamos en marcas como Kraft, Coca-cola, Nestlé, Danone. Pensamos que los nuevos alimentos funcionales, a los que se les atribuye cualidades terapéuticas, como huevos enriquecidos con ácidos grasos omega 3, leche y yogures fermentados con cultivos probióticos y cereales con ácido fólico nos permitirán vivir más y mejor. Pero hay un lado oscuro de aquello que comemos
Uso sustentable de plantas medicinales
Andamos cual topos bajo la tierra, ciegos sin saber qué se vierte sobre nosotros. Y como los sombrereros artesanales que inspiraron a Lewis Carroll, aturdidos por la intoxicación crónica de mercurio que inhalaban en su trajín, muchas personas del Planeta somos víctimas de contaminaciones invisibles.
La ultima reunión realizada en diciembre del 2009 en Copenhagen, no fue lo esperado por todos, algunas organizaciones en torno al cambio climático y medio ambiente, han calculado que con las medidas expuestas por los países, la temperatura media del planeta aumentará en 3,5ºC en 2100.
"En definitiva, la Agroecología y la Soberanía Alimentaria están permitiendo construir un movimiento social que aúna a muy diversos actores sociales en torno a un pacto social por la agricultura social, local y sostenible, y por un mundo rural vivo."
Ciudadanos y autoridades locales se unen para obtener alimentos frescos para escuelas y vecindarios. El auditorio de la escuela secundaria de Albuquerque estaba casi repleto. En el escenario se sentaron una docena de funcionarios del Estado de Nuevo México, médicos y otros profesionales de la salud, escuchando atentamente a un desfile de padres, maestros, líderes cívicos, e incluso a algunos estudiantes—todos hablaban a favor de una propuesta para prohibir los refrescos azucarados y para requerir a las escuelas públicas del estado que ofrezcan una alimentación más sana.