
En Extremadura es más frecuente de lo que debiera encontrarnos con casos en los que la voz de las personas y de las entidades está secuestrada por parte de las instituciones públicas; mediante sistemas de control basados en el miedo y la coacción y que, en lo que a su funcionamiento respecta, poco difieren de los utilizados por la mafia o por los sistemas totalitarios, se mantiene cautivo a un número ingente de voces para que silencien cuando se ha de imponer la voz oficial. Así, esta se escucha nítida y sin demasiadas interferencias, tendiendo a convertirse, además de en oficial, en única. Se trata de un sistema que precisa de muchos años y muchos esfuerzos para alcanzar una efectividad considerable pero que, cuando al fin se consolida, cuando al fin se logra llegar con los tentáculos públicos hasta el último rincón susceptible de tornarse contestatario, produce unos resultados indiscutibles.