La ultima reunión realizada en diciembre del 2009 en Copenhagen, no fue lo esperado por todos, algunas organizaciones en torno al cambio climático y medio ambiente, han calculado que con las medidas expuestas por los países, la temperatura media del planeta aumentará en 3,5ºC en 2100.
No sé que me agobia más. Si el terremoto, el tsunami o quienes nos robaron la ilusión que Chile era un país solidario, en el cual ante la adversidad emergía lo mejor de su gente. Así éramos tradicionalmente reconocidos por la opinión pública internacional, capital de cariño que hoy se ha convertido en una generalizada vergüenza nacional, dada la amplia cobertura que los medios de prensa han otorgado a los episodios de vandalismo.
Primero fue la llamada leucemia felina, luego la tuberculosis, también felina, y ahora se trata de “una misteriosa enfermedad renal”, que está acabando con los 72 linces que permanecían cautivos para ser sometidos a un supuesto programa de cría en cautividad, es decir: los últimos linces de la Península Ibérica. De momento afecta ya a casi el 40% de los 70 ejemplares que están dentro de este programa repartidos en los cuatro centros de cría existentes. Como cabía suponer no se ha detectado esta enfermedad en los ejemplares que viven en libertad.
Qué es mejor para el medio ambiente, ¿las emisiones resultantes de la producción de un producto o las emisiones resultantes de la producción del mismo producto dos veces? La respuesta a esta simple pregunta nos permite entender por qué la incineración agrava el cambio climático: quemar un residuo que podría ser reciclado o reutilizado es imposible que sea bueno para luchar contra el calentamiento global, por la sencilla razón de que a las emisiones de la quema se tienen que añadir las emisiones resultantes de producir el producto de nuevo (extracción, producción, transporte, etc...).
El cambio climático es, a día de hoy, una realidad innegable. El eco político, social y mediático de la cumbre de Copenhague, en diciembre 2009, fue buena prueba de ello. Una cumbre que mostró la incapacidad del propio sistema capitalista de dar una respuesta creíble a una crisis que él mismo ha creado.
La construcción de centrales hidroeléctricas en Brasil está marcada por la falta de respeto al medio ambiente y a la sociedad, y principalmente, por la falta de respeto a las comunidades afectadas, que ven cómo sus modos de vida se modifican radicalmente y cómo se anulan en nombre del “desarrollo de la sociedad capitalista”. En Brasil ya se construyeron más de 2.000 represas que expulsaron a más de 1 millón de personas de sus tierras. Hay proyectos del gobierno federal que prevén la construcción de otras 1.443 represas en los próximos 20 años; son obras que traen aparejada la falsa promesa de generación de empleos y desarrollo, de respeto a la naturaleza, de energía más barata para el pueblo y de garantizar el derecho de las familias a ser indemnizadas. Sin embargo, lo que hemos vivido hasta ahora es el control de las represas en manos de las multinacionales, la generación de pocos empleos, la energía más cara para los trabajadores y la falta de pago de indemnizaciones.
(ACTUALIZADO CON FOTOS Y GÁFICOS)
Muchas especies de atúnidos están en peligro de extinción y contienen altas concentraciones de contaminación por mercurio. Además, la producción de envases de metal para alimentos y bebidas producen una contaminación excesiva pues este tipo de envase es ecológicamente el peor.
La Justicia de Santa Fe dejó firme la prohibición de utilizar glifosato, el pilar fundamental de la producción sojera, en cercanías de zonas urbanas. El fallo marca jurisprudencia, invierte el cargo de la prueba y exige nuevos estudios a la provincia.
“El idealismo y las utopías nos permiten estar siempre jóvenes, y hoy en este caso, ser niños y jugar en una inmensa ronda infantil entrelazados, todos y todas”… Arturo Quizhpe.