¿Qué sucedió en Copenhague? El consenso es que la conferencia de Naciones Unidas sobre cambio climático se saldó con un estrepitoso fracaso. Sin embargo ese descalabro es el de los gobiernos y sus cómplices en el mundo corporativo y financiero. Las organizaciones civiles, nacionales e internacionales, lograron quitarle el disfraz a la mentira diplomática y pusieron al desnudo la madeja de intereses que son el principal obstáculo para alcanzar un acuerdo serio, vinculante y con plazos adecuados. Por eso no es casualidad que se les haya reprimido e impedido el acceso a la conferencia, aún a aquéllas organizaciones debidamente acreditadas.
Las movilizaciones sociales y los alardes sobre los perjuicios que la acción humana viene causando al medio ambiente no fueron suficientes para garantizar la concreción de acuerdos eficaces durante la 15ª Conferencia de las Naciones Unidas sobre Cambios Climáticos (COP-15), concluida el viernes (18) en Copenhague, Dinamarca.
Lo que ha entrado en crisis no es solo el neoliberalismo, ni siquiera el capitalismo. Podríamos decir que ha entrado en crisis el economicismo, la visión del mundo que considera la economía como el elemento clave de la sociedad y el bienestar material como clave de la autorrealización humana.
Eso que llaman con tanta elegancia “cambio climático” es en realidad una de las violaciones más flagrantes de derechos humanos que se hayan cometido en la historia. Es un crimen de lesa humanidad. Ya hay gente que muere o se queda sin techo, o sufre hambre y malnutrición, a causa de las modificaciones del clima. Países enteros, y principalmente los pequeños estados insulares, están siendo testigos de subidas del nivel del mar que quizás los hagan desaparecer bajo el agua dentro de pocos años.
Nos acercamos a las Navidades y en esas fechas mi familia, desde hace ya bastantes años, suele reunirse en la provincia de Tarragona. En los últimos años el paisaje que conocíamos ha sufrido una transformación salvaje. Las playas, algunas semivírgenes, han sido reducidas a parkings para barcos deportivos y sobre los tradicionales campos de algarrobos y algunas viñas descansan ahora miles de casas pareadas. Pero lo más llamativo son los cinco kilómetros entre Comarruga y el Arco de Barà. En ese corto trayecto se encuentran, en fila india y uno detrás de otro como si se hubiesen puesto de acuerdo, todos los establecimientos de los Gigantes de la Alimentación. Un Carrefour, un Mercadona, un Lidl… ¡todos! ¿Tantos en tan poco espacio para una población de fines de semana? Pues sí: es el reflejo de la transformación de los hábitos de compra.
En la mayoría de los debates políticos no existe una postura correcta y otra incorrecta, no importa cuán apasionadamente se discutan. Versan sobre preferencias humanas: por una mayor cobertura sanitaria, impuestos más bajos, una guerra para la consecución de un fin concreto o una paz que deja algún peligro intacto. En ocasiones hay temas que no admiten discusión: el derecho de las minorías o de las mujeres a una participación plena en la vida pública, pongamos por caso, pero incluso los más apasionados de nosotros reconocen que, en cualquier caso, nosotros nos encontramos en un bando del debate y que hay argumentos legítimos en el otro (un déficit sin fondo, abortos con perchas, el resurgir de al-Qaeda).
Hay soluciones a la crisis del clima. Lo que necesitan los pueblos y el planeta es una transición justa y sostenible de nuestras sociedades a un modelo que garantice el derecho a la vida y la dignidad de todas las personas, y entregue un planeta más fértil y vidas más plenas a las generaciones presentes y futuras.
Comenzó el lunes 7, en Copenhague, Dinamarca, un nuevo episodio del culebrón titulado Cumbre del Clima, entre otras denominaciones. En el desarrollo de la misma y hasta el día 18 de diciembre, el fiel de la balanza oscilará entre la ceguera y necedad de seguir adelante con un modelo capitalista inviable y la capacidad, racionalidad y voluntad de aquellos que intentan trabajar en beneficio de un destino común, más justo y solidario.
"Los políticos hablan, los líderes actúan" decía el cartel en la entrada del Bella Center en Copenhague, el día en que se inauguró la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático. Dentro del centro de conferencias, las delegaciones oficiales de 192 países y cientos de ONGs -alrededor de 15.000 personas en total- están participando de dos semanas de reuniones con el fin de lograr un acuerdo mundial para evitar el catastrófico cambio climático en el mundo. Cinco mil periodistas están cubriendo el evento.