Y no sólo eso: la producción de soja extendió las fronteras de la agricultura arrinconando a la ganadería y la lechería, amenazando de extinción otros cultivos como el algodón o la caña y llevando a la deforestación a zonas de montes y selvas vírgenes.
Nuestro país y, sobretodo, las arcas fiscales administradas por el gobierno kirchnerista, están atravesando lo que se ha dado en llamar la "bonanza de la soja". Esta definición refiere al cambio drástico, enorme que se ha producido en nuestra producción agrícola en los últimos años y que se caracteriza por el avance incontenible de los cultivos de soja y de la exportación del grano y sus subproductos. Cifras que aturden, de millones y millones de toneladas de soja, de millones y millones de dólares y de impuestos que, como retenciones, ingresan al estado son demostrativos de ése cambio, que intentaremos analizar en esta nota elaborada con la colaboración de Jorge Rulli, del Grupo de Reflexión Rural.
La extensa planicie de la Pampa Argentina hace apenas un siglo que es explotada en actividades agropecuarias y fue la fuente de riquezas mas importante del país, ya sea en la producción de carnes o cereales. Desde esas llanuras, fuimos el "granero del mundo", con una producción integrada, de carnes, cereales, legumbres, etc., pero desde principios de los 90 la agricultura desplazó a la ganadería y, dentro de ella, la soja reemplazó al trigo, el maíz y el girasol. Nos encaminamos a transformarnos en un "exitoso" país de monocultivo, es decir, sojero.