¿Qué tal si un día te despiertas para encontrar que los humanos al fin tomaron las decisiones correctas, y esas decisiones tuvieron todos los efectos correctos y, bueno, el mundo resultara ser un lugar bastante agradable? Por un tiempo, parecía que todo se desmoronaría. Fue el triple crujir de la crisis global de los créditos, la disminución del abastecimiento de petróleo y la amenaza del cambio climático descontrolado, impulsado por el excesivo consumo de los países ricos y la clase alta de los países pobres.
Parece que fue ayer cuándo nos quejábamos del elevado precio del petróleo. Con títulares como "El rápido ascenso del petróleo desata rumores sobre el barril a 200 dólares para este año", la edición del Wall Street Journal del 7 de julio advertía de que precios tan elevados someterían a "tensiones extremas a grandes sectores de la economía norteamericana". Hoy, con el petróleo a más de 40 dólares el barril, cuesta menos de un tercio de lo que valía en julio, y algunos economistas han predicho que podría llegar a caer hasta 25 dólares por barril en 2009.
Lo que se opone a nuestra cultura de excesos y complicaciones es la vivencia de la sencillez, la más humana de todas las virtudes, presente en todas las demás. La sencillez exige una actitud de anti-cultura pues vivimos enredados entre todo tipo de productos y de propagandas. La sencillez nos llama a vivir según nuestras necesidades básicas. Si todos persiguiesen este precepto, la Tierra sería suficiente para todos. Bien decía Gandhi: "tenemos que aprender a vivir más simplemente, para que los otros, simplemente, puedan vivir".
En Nueva York tendrá lugar la mayor cumbre de negacionistas del cambio climático, del 8 al 10 de marzo. Están financiados por la petrolera ExxonMobil y organizado por el Instituto Heartland, junto a otras 40 entidades al servicio de los intereses del sector energético.
La República Democrática del Congo se desangra. Se calcula que desde 1998 han muerto casi cinco millones y medio de personas y desde hace unos meses los ataques se han recrudecido. No es casual que el país tenga el 80% de las reservas mundiales de coltán.
La creación de áreas turísticas, junto al desarrollo urbano y al crecimiento de la población del lugar donde se establecen, provocan un fuerte impacto en el ambiente. Para que estas áreas funcionen, es necesario un mantenimiento constante e intenso que permitan conservar los atractivos naturales en el mejor estado posible para los visitantes.
En círculos ambientalistas prevalece, de manera casi incuestionable, la idea de que las medidas de eficiencia y las fuentes energéticas renovables nos sacarán de las crisis ambiental y energética. Pero como dije en un escrito reciente ("Más allá del capitalismo verde"), pretender resolver estas debacles con adelantos tecnológicos, sin cuestionar la economía del capitalismo, sólo acelerará la destrucción ambiental y el agotamiento de los recursos naturales. Para entender la futilidad del capitalismo "ecológico" es necesario conocer la Paradoja de Jevons.
Ante la Reunión de Alto Nivel sobre Seguridad Alimentaria (RANSA), la campaña “Derecho a la alimentación. Urgente” solicita a los gobiernos que asuman con honestidad la incoherencia e ineficacia de las políticas de las últimas décadas y que se comprometan a atajar realmente las crisis alimentaria, ecológica y energética originadas por el actual modelo de desarrollo.
El 20 de enero de 2009, la Comisión Legislativa o “congresillo” aprobó la nueva Ley de Minería, pese a la abierta y tenaz oposición de las comunidades locales afectadas por la actividad minera, del movimiento indígena representado por la CONAIE, del movimiento ambiental y de otros muchos sectores nacionales.
Hace 30 años la humanidad tenía un problema, la ciencia tenía una fascinación y la industria tenía una oportunidad. Nuestro problema era la injusticia. Las masas de hambrientos crecían y al mismo tiempo la cantidad de campesinos y agricultores menguaba.