
Según el diccionario, se conoce como "muletilla" la palabra o frase que se repite con frecuencia de manera mecánica y normalmente innecesaria.
El panorama político occidental incorpora muchas muletillas que son como el estribillo de una canción. Son las frases que cualquiera puede corear sin saber ni quien habla.
Muchas de estas letanías corresponden a ideas que no son triviales en absoluto, pero a base de repetirlas van perdiendo su relevancia y su sentido. Así, por ejemplo, la democracia o la justicia son protagonistas de innumerables muletillas incorporadas al discurso de la globalidad del espectro político que, seamos sinceros, entre su banda izquierda y derecha tampoco es que tenga un recorrido muy amplio.
De todas las frases huecas, hay una que me molesta especialmente y sobre la que me gustaría reflexionar en estas líneas.
No hay grupo o partido que no declare en manifiestos, programas o actos que todas las decisiones, estrategias e intenciones de su opción política van encaminadas al logro de "un planeta medioambientalmente sostenible"
Me pregunto si alguna de estas opciones políticas sabe lo que es, un planeta medioambientalmente sostenible. Me contesto yo solita que las que apuestan por el capitalismo como modelo socioeconómico lo intuyen perfectamente y que por eso, tratan de desvirtuar la idea como sea. Mucho me temo que otros proyectos políticos, los de la izquierda transformadora, precisamente los más necesarios para caminar hacia un planeta sostenible, están faltos de una reflexión profunda sobre la sostenibilidad y sus implicaciones.
La sostenibilidad es el conjunto de "cosas" que permiten que se pueda mantener la vida, ahora y en el futuro, para todo el conjunto de los seres vivos. En un planeta ambientalmente sostenible, no se pueden arrancar los bienes de la tierra por encima de la capacidad que la propia tierra tiene para regenerarlos, ni se pueden generar residuos por encima de la capacidad del planeta de actuar como un sumidero. Bajo el prisma de la sostenibilidad, es central la consideración de los límites del planeta, simplemente porque la Tierra es una bolita suspendida en el espacio con un número limitado de kilos de materiales que no se regeneran con la varita mágica de la tecnología.
¿Cómo encajan los límites del planeta con el neoliberalismo?
Pues muy malamente, directamente son incompatibles y no porque lo diga nadie beligerante con el neoliberalismo, sino porque el sistema capitalista se basa en el crecimiento ilimitado. Se basa en el consumo creciente, en la cultura de usar y tirar, en la creación de necesidades artificiales y en su satisfacción a través de los productos que la publicidad determina que son adecuados para hacerlo.
Las necesidades reales son limitadas. Uno puede comer tres veces al día, pero si come doce se estriñe o le entra diarrea. Las necesidades humanas de afecto, seguridad, protección, condiciones ambientales que permitan vivir, de ser capaz de decidir sobre la propia vida, de ser libre, de poder participar, no pueden ser satisfechas por el mercado. Pero, los prestidigitadores del dinero, con el truco de la publicidad y los medios de comunicación que poseen, nos convencen de que la libertad está en tener coche, de que el afecto se consigue con un determinado desodorante, de que la seguridad está en un plan de pensiones, de que la protección nos llega de los ejércitos, de la industria de la guerra o de las empresas privadas de vigilantes. Nos inculca que el aire limpio te lo regalan al comprar un chalet adosado en la sierra y que la participación consiste en elegir cada cuatro años entre dos o tres opciones que con envoltorios diferentes presentan el mismo producto. Lo que no tiene precio se convierte en pura mercancia. Así de fácil.
La sostenibilidad está en lo próximo, en lo cercano, en la autosuficiencia de las comunidades y en los intercambios equitativos entre ellas, en la no dependencia de los designios de las empresas transnacionales que, para asegurar su propia supervivencia, pasan por encima de los límites posibles del planeta y actúan como si los bienes naturales fuesen ilimitados.
Sostenible es la soberanía alimentaria, es decir, que cada comunidad produzca los alimentos que necesita. Esta idea es contraria a los monocultivos, a la depredación de las grandes transnacionales del "agrobussines" y a las políticas arancelarias de las instituciones económicas internacionales. Por ello, además de denunciarlo, lo revolucionario es luchar por la independencia en la producción de alimentos, luchar contra la imposición de semillas transgénicas que someten a los campesinos e hipotecan su futuro a los intereses de los imperios de la industria. La lucha contra el consumo de estos productos en las sociedades occidentales es subversiva y necesaria, porque si las multinacionales fuerzan a los campesinos del sur a cultivar transgénicos, es porque tienen un mercado, el de los países occidentales, que los consume.
Sostenibles son los desplazamientos cortos y el transporte colectivo. Pero eso también choca frontalmente, entre otras cosas, con la promoción de un modelo industrial y energético basado en el petróleo. Los grandes monopolios petrolíferos provocan la desarticulación, la miseria y la guerra en las sociedades que dependen de la extracción de un mineral fósil que se está acabando y no se puede renovar. La destrucción ecológica del entorno de estas sociedades dificulta que puedan volver a ser independientes de los grupos que trafican con el oro negro. Por ello, lo revolucionario y radical, además de denunciar, es apoyar y comprometerse con otros modelos de urbanismo y de transporte alternativos.
Sostenible es detener la progresiva cementación del territorio, porque la creciente y alarmante eliminación de suelo natural destruye la biodiversidad, que es lo que permite que la vida se pueda regenerar y que los ciclos naturales se mantengan equilibrados, algo indispensable para el hombre y el resto de los seres vivos puedan hacer cosillas como respirar, alimentarse, reproducirse o calentarse. También la simple conservación de la vida está amenazada por los intereses del megaimperio de la construcción, por las grandes infraestructuras necesarias para el transporte de cantidades ingentes de materiales o para poder regar campos de golf en terrenos desérticos.
Lo sostenible es lo sencillo, lo austero y se contrapone al consumo desenfrenado, al mundo de la moda, al mundo de la publicidad que busca hacernos sentir feos y gordos, para luego poder vendernos productos cosméticos que nos hagan tan atractivos y seductores como la misma publicidad dice que tenemos que ser.