El lobo ibérico o "Canis lupus signatus" ha estado a punto de desaparecer, pero hoy supone la población más importante del carnívoro en toda Europa Occidental. El argumento de
su periplo es la historia épica de un superviviente admirado y odiado, que narra la relación del hombre con el medio y, ante todo, la alegoría de cómo la naturaleza siempre sale adelante.
Suena un aullido, y después, el silencio. En la llanura castellana huele a tierra y a pinos mojados, a hojarasca y al agua que las nubes espolvorean sin pasión. Estamos junto a un cruce de caminos, cerca de Valladolid. Juan Carlos Blanco, biólogo experto en el lobo y consejero del Ministerio de Medio Ambiente, imita el aullido del cánido, cuyo nombre despierta algo atávico, sumergido en la memoria de los genes. El lobo ibérico, o "Canis lupus signatus", es el rey de gran parte de la Península, en especial de la mitad nororiental. Su apariencia física se alza como bandera entre las 32 subespecies del mundo: ojos canela, piel tierra –más roja en verano que en invierno–, manchas blancas sobre los belfos, líneas negras que recorren las patas delanteras, la marca oscura en la cola y, sobre la espalda, una mancha en forma de cruz. Hay cerca de trescientas manadas, unos dos mil individuos. El noventa por ciento está en Galicia y Castilla y León. Los lobos que habitan en Cataluña proceden de Italia. El carnívoro sólo tiene, de adulto, un enemigo: el hombre. Por eso, ahora y aquí, en la noche de la vieja Castilla, debe de andar olfateándonos con la certeza en unos sentidos que le ha permitido sobrevivir en medios como éste.
A nuestro alrededor se abren los campos reverdecidos por el nuevo cereal. Tras un largo día de búsqueda, las señales nos indican que estamos cerca: un rastro de huellas firmes de lobo que avanza sobre el camino, una detrás de la otra siguiendo un monótono compás; una hez junto a un guante deja claro quién manda aquí. Por si no fuera suficiente, dentro del coche duerme un puñado de folios con localizaciones cercanas de varios lobos seguidos por Blanco vía satélite. "Los lobos son fascinantes. A veces parecen como una familia humana. Hay un papá, una mamá, unos hijos. También ves en ellos la competencia y la miseria que se dan en las familias", explica el científico.
La familia loba se alza en forma piramidal bajo un macho y una hembra dominantes –llamados alfa–, los únicos que se aparean en la manada. Ellos guían la estrategia común de la caza y de la vida. Los cinco o seis lobeznos que una vez al año pare la loba en cuevas, refugios de zorros o tejones agrandados, e incluso entre matorrales, son el centro neurálgico desde donde se teje lo cotidiano: todos protegen y alimentan a los pequeños. Cuando éstos cumplen un año, se convierten en lobatos; a los dos, emprenderán un camino en solitario hasta encontrar o formar su hogar.
El periplo puede durar hasta dos años si es al norte del Duero, donde la densidad de población es mayor, o tan sólo diez días si se produce más hacia el sur.
Como ocurre en las familias humanas, hay unos que permanecen en el grupo sin disgregarse –los llamados beta–; o quienes viven en la periferia sin ser aceptados, pero sin buscar su propio lugar –los periféricos o épsilon–. Pero, como en todo, no hay regla sin excepción: "‘Paca’ espera heredar el reino de su madre", ha explicado Juan Carlos Blanco poco antes de desviarse por las carreteras secundarias y pedregosas que nos han traído hasta aquí. Es una loba de cinco años que, según los datos, hace un par se refugió en una cueva durante la época del parto. "Vivió un embarazo psicológico", comenta. El caso de "Ernesto" parece bien distinto: alfa durante más de una década, fue destronado. Después reemprendió su búsqueda en solitario. Cuando le cazaron, vieron a otros lobos junto a él.
"Gloria", sin embargo, siempre vivió como periférica. Su cuerpo disolvió los fetos cuando quedó preñada, como, según Blanco, suele ocurrir en la especie a modo de control natural. "Paca", "Ernesto" o "Gloria" no son distintos del resto, sino ejemplos de la impresionante versatilidad de la especie. Capaz de cambiar de costumbres, espacios y alimentación, a lo largo de los siglos, el lobo en la península Ibérica ha ajustado su vida a un mandamiento: sobrevivir. De hecho, sus costumbres y su alimentación varían de montañas como la cordillera Cantábrica a serranías como las leonesas o zamoranas, o en las llanuras. En cada lugar come lo que encuentra: ciervo, corzo, jabalí u otros ungulados en tierras altas; pequeños mamíferos, como conejos o topillos, en la llanura. La carroña tampoco está fuera de su dieta
Por eso se adaptó a los más inhóspitos lugares cuando el hombre emprendió con él una guerra a muerte. Al terminar ésta, reconquistó sus viejos territorios: "Cuando el hombre abandona el campo, el lobo lo recoloniza", concluye Blanco.
Pruebas que lo demuestren no faltan: si hasta el siglo XIX los lobos habitaban todo el territorio peninsular excepto Cataluña, a partir de 1950 sobrevivieron arrinconados en lugares como algunas sierras de Zamora, León, la cordillera Cantábrica y Galicia. También en Sierra Morena. Su resurrección se escribe paralela al despoblamiento rural. También al cambio de estatus del cánido: la ley aprobada en 1970 lo recalifica de alimaña a especie cinegética.
Al menos en teoría, porque en la práctica las cosas pueden ser diferentes.
Luis Mariano Barrientos lo sabe bien. Es un naturalista vallisoletano que lleva 27 años cerca del cánido. La afición se le adivina en el tono de voz que, sin velos, transmite pasión cuando pronuncia la palabra lobo, pero también al hablar de los enemigos del animal. "El mayor peligro de la especie son los furtivos", dice. Un peligro que aún hoy acaba con camadas enteras al más puro estilo alimañero, pese a que apenas se constatan denuncias.
Mucho tuvo y tiene que ver el temor a los ataques del animal a la ganadería, que los expertos minimizan, y que ocasiona pérdidas anuales estimadas en un millón doscientos mil euros en todo el Estado. Las administraciones pagan los daños y proporcionan perros mastines para el pastoreo, que ayudan a la convivencia pacífica con el animal. Pero esta convivencia puede no ser tan fácil, depende de dónde y cómo. "La diferencia está en la forma de pastorear", aclara Barrientos: "En Castilla y León hay manadas de lobos estables y apenas se producen ataques porque los rebaños van con pastor. Cuando se deja al ganado solo en las fincas, como por ejemplo ocurre en ciertas zonas de Asturias, el lobo ataca más".
Para quien siempre ha vivido cerca del carnívoro, los matices de su relación pueden ser distintos; o tal vez no.
A las cuatro de la tarde de un día ceniciento, María Pilar Rodríguez Barrio limpia el mostrador del hostal Kilobas, mientras escucha preguntas sobre un tema que conoce bien. Estamos en Pedralba de la Pradería, en pleno corazón de la sierra de la Culebra, al oeste de Zamora. Nueve especies de peces, catorce de anfibios y otras tantas de reptiles conviven con el cánido. También 29 tipos de mamíferos, como corzos, ciervos, lobos, nutrias o gato montés. El cielo lo surcan aguiluchos cenizos, alimoches, águilas reales, culebreras, búhos, peregrinos y hasta azores. Pero si por algo se reconoce a esta tierra es porque cobija la mayor población estable de lobos de toda Europa Occidental. "La naturaleza es una cadena de la que todos formamos parte. El lobo es el regulador, controla al más débil. Sin ellos, los corzos se nos comerían", dice la mujer. Su discurso no es tan común en una tierra ganadera donde siempre ha vivido el mamífero. "A mi marido le pone nervioso porque le mató veinte ovejas", añade. De hecho, cerca de aquí permanecen en pie loberas donde antaño se le cazaba para exhibirlo después. Incluso en la actualidad, este mismo año, en el municipio de Villardeciervos, se pujó a mano por tres cabezas de lobo. Aquí el cánido se caza, al igual que en Galicia, Euskadi, Cantabria y, al norte del Duero, en Castilla y León, pero también vienen turistas con ánimo de observarlo.
La situación va cambiando, y el aura del animal atrae a gente y también dinero.
Al atardecer, las tres líneas de color que matizan el horizonte –tierra, sierra y cielo– se desdibujan. En plena reserva de la sierra de la Culebra esperamos al mamífero, tutelados por dos guardas. El animal aparece solo, tranquilo, y camina en línea recta hasta que, tras girar, desaparece. "Hay un cambio. Algunos niños de la zona me piden que les cuente cosas del lobo", dice Pedro, uno de los guardas, que lleva décadas siguiéndole.
Luis del Riego, ecologista del grupo Ciconia, tiene algo que decir sobre el incipiente cambio de mentalidad. Durante años su grupo trabajó con escuelas de la zona. "Sabíamos que el cambio de los ganaderos vendría a través de los hijos. Queríamos desmitificar al lobo, hacerles saber cuál era su función." Luis asesora hoy al Ayuntamiento de Puebla de Sanabria para crear el primer centro de interpretación del lobo, que atraerá más turismo y expertos.
A las afueras de Puebla, un grupo de niños demuestra que las palabras de Riego siguen de actualidad. Proceden de otras provincias castellanas y atienden a Javier Talegón, biólogo especializado en el mamífero, que durante varios días compartirá su pasión con los más pequeños a través de sus clases. Muestra diapositivas, objetos, y plantea preguntas: "¿Qué hacen los lobos cuando ven a una persona?". Los niños, que ya no creen el cuento con el que otros crecimos, le responden: "¡Corren!".
DESCRIPCIÓN
Cánido grande de aspecto robusto. Ojos de color canela, orejas triangulares y mandíbula muy fuerte. Su pelaje, de color pardo grisáceo, es variable según la época y es muy espeso en invierno. La subespecie ibérica ("Canis lupus signatus") tiene unas manchas negras en la cola y en las patas delanteras. Destaca su aullido, que suele ser más frecuente al anochecer.
MAPA DE DISTRIBUCIÓN
Cubre Asturias, Cantabria, Galicia, Castilla y León, La Rioja, País Vasco, Extremadura y Andalucía (Sierra Morena). Y también hay una pequeña mancha en Cataluña.
HÁBITAT
Se encuentran en montañas, valles, bosques e incluso llanuras cerealistas. Al norte de Cataluña hay lobos de la subespecie italiana llegados desde el Pirineo francés.
SITUACIÓN
Se calcula que hay en torno a 2.000 lobos, la mayoría de ellos en Galicia y Castilla y León. Está considerada especie de interés comunitario de carácter prioritario, pero su estado y su protección varían según cada comunidad autónoma (especie cinegética, vulnerable, protegida, amenazada o en peligro.
Que divertido verdad, ver todo esto, solo que en el programa de TV que ves no saca todo, solo el lobito bueno y cariñoso
¿Cuántos ?ecoloadictos? tienen un rebaño de ovejas o cabras para que conserve el paisaje, y disfrute personalmente de la emoción de ver como los lobos matan su rebaño?
Que bonito es hablar de ecología tomando una copita y viendo un documental.
Yo me pregunto ¿Ecologismo es seudónimo de sadismo? Pues el que disfruta del daño ajeno, creo que se considera un sádico, y en este caso, defender la existencia de algo que causa dolor a los animales y a las personas, parece propio de personas que padecen esta tendencia.
Me dirijo a ti ecologista de carrera universitaria, traje de Coronel Tapioca, vehículo todo terreno, perteneciente a alguna asociación con subvención, etc. Supongo que me contestara alguno con esas bonitas palabras de derecho a la vida, ecosistemas, respeto a la biodiversidad, y etc.
Solamente quiero recalcar que en El Parque Nacional de Picos de Europa, en la Reserva del Saja, en Arredondo, casi por toda Cantabria y algunas regiones más, se está produciendo un desastre ecológico de dimensiones insospechadas. Ya no es una amenaza, o algo que puede suceder, es una realidad, han desaparecido las ovejas y las cabras, las personas que han estado cuidando los lugares de montaña se han ido, las cabañas se están derruyendo, los caminos y praderas se están convirtiendo en zarzales. Esto implica una perdida ecológica, paisajística y cultural terrible, se podría calificar de desastre ecológico. La culpa de todo esto la tiene el lobo, que ataca a las ovejas, que mata a 10, se despeñan 50 y pagan 5, después de tramites y verificaciones.
Las cabras y ovejas dan leche y carne, cuidan el paisaje y son un medio de vida para mucha gente. ¿Que derecho tienen algunos de privar a otros de ello? ¿Les gustaría a los ?eco? que les soltasen unos lobitos por la ciudad para que los vean mas de cerca?
Desde aquí ruego a todas las personas de bien, que por favor, manden cartas a organismos oficiales, hablen por la radio, escriban a los periódicos, y hagan todo lo que puedan para ayudar a esas gentes que han pasado la vida cuidando la naturaleza y ahora se ven despojados de su medio de vida por unos cuantos ?eco? lo que sea, que han visto un documental del lobo y se han unido a una organización, la cual tiene mas fuerza que un grupo de pastores dispersos, que solo se lamentan y se resignan a abandonar todo el trabajo realizado por ellos y sus antepasados.
Creo que todos tenemos derecho a disfrutar de la naturaleza y unos pocos no deben privar a los demás de una forma de vida que ayuda a la naturaleza.
Unámonos a los que han cuidado las tierras durante tanto tiempo para que podamos disfrutar en la actualidad de ella, no a ?Coroneles Tapioca? que saben moverse en la Administración y con los políticos para conseguir imponer sus caprichos y obtener cuantiosas subvenciones. Pido a los políticos que respeten la trayectoria de una cultura milenaria que ya en la Biblia se habla de ella, que si desaparece, tendremos que crear otra asociación ?eco? en defensa de la cultura rural, los pastores, las cabras y la conservación de la naturaleza.
El detonante de este articulo y el despertar de mi letargo, pues yo también era de los de la defensa de la biodiversidad, es que la semana pasada estuve con el dueño del último rebaño de cabras que queda en la parte norte del río Cares, me dijo que ovejas ya las habían quitado todas, y que tenía que subir a bajar las cabras todos los días para que no se las coma el lobo. No van a desaparecer las ovejas, YA HAN DESAPARECIDO EN ESTA ZONA