Formo parte de una organización campesina brasileña. Integran el Movimiento de Trabajadores Rurales Sin Tierra (MST) campesinas y campesinos que no tienen tierra, asalariados rurales, arrendatarios, meeros o parceiros (personas que reciben una finca del latifundista y pagan lo que producen con horas de trabajo agrícola).
Los Sin Tierra -como somos conocidos- luchamos para lograr tres objetivos principales: la democratización del acceso a la tierra, cuya concentración es muy grande, los datos dicen que el 45% de las tierras agrícolas de mi país está en manos del 1% de los propietarios; la reforma agraria como política pública de socialización de presupuestos para campesinas y campesinos, educación, salud, recreación y viviendas en el campo; los cambios en la estructura de la sociedad brasilera.
Mediante nuestra lucha, logramos socializar 7,5 millones de hectárea de tierras para unas trescientas cincuenta mil familias; tenemos dos mil escuelas en estos asentamientos; cinco mil jóvenes y adultos estudian en universidades; ciento cuarenta y cuatro agroindustrias permiten beneficiar la producción agrícola y comercializar lo que producimos para la población de las ciudades; y esto lo hacemos con calidad y a bajo costo; sin embargo queda mucho por hacer. Todavía tenemos cerca de ciento cincuenta mil familias que viven en los campamentos en espera de la tan soñada reforma agraria.
Al hacer una mirada a la historia de estos 25 años del Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra, vemos que el debate de la participación de las mujeres campesinas en la lucha siempre tuvo un lugar destacado. Sin embargo, en este proceso fuimos profundizando nuestro análisis de la sociedad capitalista que reproduce su dominio con la cultura del patriarcado, el sexismo, el individualismo y la competitividad. Así hemos trabajado, dentro del MST, por afianzar estructuras y espacios que permitan la participación de las mujeres. En este sentido es un hecho la consolidación de los círculos infantiles en todos los encuentros y movilizaciones, de esta manera las niñas y los niños no necesitan estar lejos de sus madres y padres cuando estos están en sus actividades laborales. Por otra parte, se han realizado levantamientos y campañas que han involucrado al conjunto del movimiento, a favor de que sea reconocido por parte del Estado brasileño el título de la propiedad de la tierra tanto para hombres como para mujeres, así como el acceso a los documentos personales por parte de las campesinas como medio para garantizar los beneficios de previdencia y licencia de maternidad. De igual modo, se han realizado debates con los sectores e instancias del MST para ampliar el concepto de trabajo agrícola y así reconocer el trabajo femenino (por más sencillo que sea) como parte importante de la renta familiar campesina.
En este proceso nos hemos ido acercando al debate de género y, en esa misma medida, hemos profundizado y aprendido colectivamente, además de mirar con ojos críticos el poder hegemónico, repensar nuestra propia estructura como organización. Así, en 2000, creamos el sector de Género del MST.
Entre las tareas más importantes de este sector se destacan:
1) Profundizar el debate de la efectiva democratización sobre la participación de las
mujeres en las instancias de coordinación y dirección en nuestro movimiento, el compromiso de todos y todas de hacer que nuestras actividades e instancias de decisión estuvieran representadas por 50% hombres y 50% mujeres.
2) Romper con la idea que existen tareas o roles para los hombres y para las mujeres: para los hombres el debate de la producción agrícola, de hablar a la base en nombre del MST, a la prensa, a las demás organizaciones, partidos, preparar las marchas, ocupaciones y otras acciones peligrosas; mientras las mujeres se dedican a la educación, la salud, la sistematización de los debates, el cuidado de las niñas y los niños, a cocinar los alimentos…
Pero el problema es lograr una verdadera distribución de roles según las capacidades de acción y no según la condición de ser hombre o mujer.
3) Hacer del género un eje transversal que acompañe todas las demás discusiones: educación y género, producción, formación, salud, comunicación, resistencia…
4) Consolidar un proceso de formación política e ideológica de las mujeres coordinadoras y dirigentes; profundizando el debate de género y clase y de metodologías de trabajo popular.
5) Hacer el esfuerzo de ampliar y consolidad el debate de género en cursos de formación, en las dos mil escuelas de enseñanza básica y media de los asentamientos y campamentos, y en los encuentros de coordinación y dirección del movimiento.
6) Realización de campañas y denuncias sobre la violencia hacia las mujeres, la doble o triple jornada de trabajo; los bajos salarios (en Brasil las mujeres llegan a recibir 30% menos que los hombres y, cuando son negras llegan a recibir 50% menos); así como dejar clara una posición para decidir sobre nuestros cuerpos y el aborto)
¿Qué resultados hemos obtenido?
Mayor participación de las mujeres campesinas, sobre todo en las movilizaciones. Ellas se propusieron en serio el rol de ser organizadoras, agitadoras y ejercen un verdadero protagonismo en el movimiento. Hoy sus voces son escuchadas en nuestra sociedad. Con radicalidad han denunciado los efectos dañinos del sistema capitalista para el medio ambiente y los seres humanos. Según ellas la salida para la actual crisis del sistema capitalista es la implementación de un nuevo orden social, basado en la total superación de todas las formas de explotación: de clase, género, etnia… Frente a un enemigo tan grande es necesaria la unión de todas y todos.
Publicado en Adital y enviado por Caminos No. 195, Junio 2009, Boletín del Centro Memorial Dr. Martin Luther King, Jr.
Cuándo resoben cerrar una carretera no permiten que ninguno coche pase nen la ambulancia con personas doentes, perjudican el día de todas las personas que tiene que trabajar pasando por aquel