12/02/2007

Hablemos de menudencias

Hablemos de menudencias

Hablemos de cosas tan importantes como el agua y la vida y dejemos por un momento a un lado la importancia de otras. Llama la atención dos situaciones especialmente dramáticas en la sociedad actual: el escaso compromiso social si hablamos de conservar las aguas y a sus habitantes, y la artificiosa forma de pensar de nuestra sociedad.
La contaminación de las aguas y los usos inapropiados que se hacen de ella son alarmantes, pero aún es más alarmante la "mala conciencia" que hemos adquirido, engañados o no. Así que más que la contaminación o el famoso cambio climático, preocupa que ambas situaciones no se perciban como algo MUY IMPORTANTE.
Nadie negará que gozamos de una oferta importante de servicios, públicos y privados, y que nuestra economía aparenta un buen crecimiento. Pero si observamos nuestros ríos y nuestro entorno, que debieran ser naturales, nos damos cuenta de que la mayoría ya no existen como tales, los ríos se convierten en lenguas de desechos y el esqueleto de lo natural, del paisaje, se haya debajo de una losa de cemento donde ni siquiera pusieron: "aquí se encuentra enterrado nuestro medio ambiente, descanse en paz".
"Papá, ¿tu cuando fuiste pequeño conociste al ambiente o ya era medio por aquella época?" Ojalá no tengamos que oír algo así nunca.
El agua y su importancia no es el capricho egoísta de cuatro, es un bien común y primario que la sociedad debiera conservar, no defendemos los ríos solo por la existencia de peces ni por un sentido egoísta e irracional de práctica piscatoria, estamos convencidos de algo mucho más importante: "El agua engendró la vida y es la que la sigue manteniendo a día de hoy".
El hombre en ningún periodo ha podido desprenderse de la necesidad vital de rodearse y depender del agua. Pero desgraciadamente no hemos actuado como sus aliados sino como enemigos, enemigos de nuestro cuerpo, pues de agua estamos formados en nuestra mayoría.
La sociedad de la información en la que estamos sumergidos nos educa y forma en prioridades y valores falsos. Fiel reflejo es el consumismo en el que nos hayamos envueltos. Nadie se asombra si el río que pasa cercano a nuestras casas está sucio, pero si nos podemos llegar a poner de uñas con situaciones tan dispares como un apagón generalizado o que una marca de refresco cambie su formato original. Esto hace pensar que sucede algo, y seguramente algo de graves consecuencias.
Hemos entrado en un desarrollo no natural donde no estamos regidos por lo mismas leyes que el resto de seres de este planeta, quizá la selección natural nos ha abandonado y nuestras cabezas se dirigen obsesionadas y compulsivas hacia escaparates y televisiones, rechazando la vida y el lugar de nuestra procedencia, que está en lo mas profundo de los ríos.
Aplicamos códigos de ética y de bienestar a los animales domésticos de consumo humano, por tanto su fin es la muerte a manos del hombre, pero no damos prioridad a otros animales en peligro de extinción como los salmones de la cornisa cantábrica, permitiendo normativas que lo destinan a su desaparición. Caemos continuamente en nuestras propias contradicciones, deberíamos organizar nuestras prioridades, que ya están empezando a ser más que latentes y aplicarlas antes de que sea tarde (si no lo es ya).
Esperamos que el agua, y la vida que nació de ella, ocupen de nuevo el lugar que nunca debieron perder, o al menos conformarnos con que este editorial nos haga pensar en ello.



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