
Resulta extraño, sin duda, asociar estos dos temas y sin embargo...en este mundo globalizado ambos se hallan invisiblemente vinculados por una trama inconsutil cuyo nombre es: CODICIA. Hace unos días en ocasión de la muerte de un, por su fortuna, “prestigioso” mega empresario chileno me sorprendió leer en su obituario la mención de sus frecuentes elogios a la codicia a la que según él mismo debía sus millonarios éxitos, condición a la que por lo tanto consideraba motor del desarrollo y del progreso.
Del desarrollo y del progreso obviamente personales si tal puede considerarse la acumulación de lucro y de riquezas, conceptualmente tan distantes de lo que humanamente deberíamos entender por progreso y desarrollo. Pero por lo visto no se trata de un caso excepcional sino que efectivamente esta, por lo general inconfesa condición, reconocida, asumida y elogiada por el mencionado empresario atraviesa hoy en día todos o casi todos los emprendimientos, especialmente mineros del globo, dejando a su paso terrible secuelas de destrucción, de muerte y de miseria.
Casi al mismo tiempo el periódico chileno comentaba dos noticias similares: tanto en aquel país como en la Argentina se congelaba en un caso y se vetaba en el otro leyes similares destinadas a proteger las más importantes fuentes de agua potable de ambos países, los glaciares y ventisqueros que constituyen las reservas hídricas más valiosas de la región. Y en ambos casos la razón de este despropósito se basaba, por lo menos en los considerandos del veto a la ley argentina, en la intención de evitar que esa protección repercutiera “negativamente en el desarrollo económico y en las inversiones que se llevan a cabo” en las provincias en que existen emprendimientos mineros. Uno de los casos más emblemáticos es el de Pascua Lama- Veladero, ubicado a ambos lados del límite argentino-chileno en que se están realizando precisamente actividades que según la ley vetada pueden “afectar a los glaciares tales como: la liberación de sustancias contaminantes, la construcción de obras de arquitectura o infraestructura (exceptuando a las de investigación científica), la explotación minera o petrolífera, y la instalación de industrias o de desarrollo de obras industriales”. Sin mencionar la difundida amenaza de desplazarlos de su lugar de origen lo que de por sí constituiría uno de los más graves atentados ecológicos jamás realizados o lo que es peor un verdadero ecocidio.
Los glaciares son como ríos de hielo que se forman debido a la acumulación y al propio peso de la nieve durante períodos prolongados en condiciones de frío extremo y en consecuencia solo pueden encontrarse en Groenlandia, en las tierras australes de nuestro continente o en las cumbres más altas y constituyen los más importantes reservorios de agua dulce del planeta uno de los recursos más escasos y seguramente más disputados del futuro. Sin embargo no solo se hallan amenazados por el calentamiento global sino que son objeto del menosprecio más absoluto por parte de los gobernantes que tienen el deber de preservarlos para responder a las necesidades de la gente para privilegiar en cambio el interés y la codicia de las transnacionales mineras que no solamente se llevan nuestros metales a precio vil sino que comprometen el futuro de todas las poblaciones de la región, actuales y futuras. Ciertamente es hora de preguntarse ¿de qué desarrollo, de qué progreso nos están hablando? De exigir definiciones ¿a qué llamamos desarrollo? ¿a qué progreso? Cuando la situación se vuelva irreversible será demasiado tarde.
Pero ¿y la telefonía celular? ¿en donde y cómo se conecta con este sombrío panorama? Por la codicia nuevamente. Pero esta vez su relación con las circunstancias es mucho más dramática... y actual. No se trata ya de un previsible futuro sino de una situación que viene prolongándose en el tiempo y costando millones de vidas humanas en el continente africano y más específicamente en el Congo, una región que parece “maldecida” por la existencia de un mineral llamado Coltan (columbita-tantalita) un conjunto de minerales que por su resistencia al calor se ha convertido en indispensable para la fabricación de la totalidad de los dispositivos electrónicos: teléfonos móviles, GPS, televisores de plasma, ordenadores portátiles, PDAs, MP3, MP4... Un mineral que en definitiva podría constituir una bendición para los pueblos congoleños y que en cambio se ha transformado en el detonante de uno de los dramas más terribles de la historia de las últimas décadas.
El 80% de las reservas mundiales están en el Congo y han generado un conflicto que ya lleva 10 años y 5 millones de muertos. Se trata de una guerra desatada por la explotación inmoral de ese mineral que ha derivado en la mayor cantidad de víctimas registradas desde la última guerra mundial y que no solo produce la expoliación de tan valioso recurso sino que ha ocasionado graves consecuencias a sociales y ambientales y enriquecido a empresas como la American General Fields, en la que Bush padre tiene (cuando no) importantes intereses.
Durante este prolongado período la disputa entre dos implacables facciones no solo se mantiene sino que se agrava día a día: por un lado Ruanda y Uganda, países cuyas deudas externas han sido canceladas en premio a su cooperación con los gobiernos occidentales y Burundí, apoyados todos por los EEUU y los créditos del FMI y del Banco Mundial y por el otro Angola, Namibia, Zimbaue, Chad y las milicias Hutu y Mai Mai.
Los obispos católicos de la región han denunciado que se trata de un “complot internacional” y de las multinacionales mineras destinado a balcanizar el área para transformarla en un enclave autónomo que respondan a las principales potencias dominantes.
El recrudecimiento de esta prolongada guerra de agresión y saqueo, denunciada por la prensa como “crisis humanitaria”, aunque silenciando las causas y los nombres de los verdaderos culpables, ha despertado, como dice el periodista Rossend Doménech, “gran preocupación en los dirigentes europeos y de las Naciones Unidas por el aumento de la violencia en el Este de la República Democrática del Congo” pero “luego miran para otro lado seguramente hacia los tablones de la Bolsa o de los Bancos en apuros”.
He mencionado solo dos ejemplos destacados en estos días por los periódicos pero no es necesario escudriñar mucho para encontrar miles de ejemplos de la furia de irracionales ambiciones desatadas por la codicia, uno de los siete pecados capitales del cristianismo1 que como dice el diccionario de la lengua no es otra cosa que el “afán excesivo de riquezas” Nada más evidente en estos tiempos de “crisis del sistema financiero globalizado que gira (...) como una rueda loca movida por la codicia y sin control alguno de los Estados nacionales o de las instituciones regionales o mundiales capaces de sustituirlos”.2
Notas
- Un vicio capital es aquel que tiene un fin excesivamente deseable de manera tal que en su deseo, un hombre comete muchos pecados todos los cuales se dice son originados en aquel vicio como su fuente principal”. Santo Tomás (II-II:153:4)
- Javier Pradera “ La codicia y los ángeles”
Noviembre de 2008