Energía nuclear: ¿Barata, segura y limpia?
La crisis económica en Estados Unidos, el Calentamiento Global, el alza del precio de los alimentos y la crisis energética derivada del alto precio del petróleo y el próximo agotamiento de ese recurso, son todos asuntos íntimamente relacionados entre sí y consecuencia directa de la globalización neoliberal y su desarrollo desenfrenado.
Luego de décadas de bonanza, el desempleo aumenta sin cesar en el norte rico. Y bueno, no podían esperar otra cosa desde el momento en que en las últimas décadas se han dedicado a trasladar sus fábricas a la India y a la China. Ese desarrollo industrial explosivo de estos países les han transformado en grandes consumidores de energía, y ese inmenso gran consumo agregado de energía es inevitable que esté acelerando el calentamiento del planeta e impulsando al alza el precio de los combustibles.
Además, el desarrollo industrial explosivo de India y China ha generado millones de nuevos consumidores que están adoptando los autodestructivos hábitos de consumo occidentales. Miles y miles de autos cero kilómetro ruedan por las carreteras de esos países, e indios y chinos no se conforman ya con agua, arroz y verduritas, sino que quieren comer carne y tomar vino. Y para peor, a alguien se le ha ocurrido utilizar alimentos para producir energía, haciendo dispararse aún más su precio en el mercado.
Puestas así las cosas, y ya casi olvidada la masacre de Chernobyl, el complejo industrial atómico ha vuelto por sus fueros. Sus voceros oficiales y extraoficiales juran que los avances tecnológicos de los últimos años han transformado a la atómica en una energía segura y rentable, y han comenzado a hacer lobby para que los gobiernos de todo el mundo retomen o inicien sus programas nucleares. Claro que para poder hacer eso hay que tener “carnet de bueno”, porque a los malos (por ejemplo Corea e Irán) les prohíben la energía nuclear, así sea para calentar agua para el mate.
Uno no es un necio que no entienda que la tecnología nuclear pueda haber avanzado en forma muy importante en los últimos años, pero tampoco es tan tonto como para creer a ojos cerrados que lo que era muy jodido y muy peligroso hace una década sea maravilloso e inocuo hoy. Además, según muchos científicos, la energía nuclear sigue siendo carísima, y a diferencia de la hidráulica, la eólica, y la solar, también aumenta el calentamiento global, lanzando al aire toneladas de vapor de agua.
El problema no es que el precio del petróleo suba, ni que el petróleo se acabe. El problema real es que estamos consumiendo mucha más energía de la que necesitamos, independientemente del método que usemos para producirla. Y eso tiene como consecuencia directa que estamos contaminando y calentando la atmósfera cada vez más, en progresión geométrica. Sustituir el petróleo por los biocombustibles o la energía atómica sólo significa cambiar un problema por otro.
La única opción de supervivencia es detener el crecimiento económico, e incluso decrecer. Tirar el acondicionador de aire y construir casas con una buena aislación térmica. Dejar el auto en el garaje e ir a trabajar en ómnibus (en trolleybus o en tranvía o en ferrocarril). Además, está matemáticamente comprobado que si la riqueza hoy existente se redistribuyera equitativamente, nadie pasaría hambre ni frío en el mundo.
Si, lo sé, este pensamiento es demasiado utópico. La realidad indica que un cambio de este tipo no sólo no es posible, sino que ni siquiera es tomado en consideración por ningún gobernante. Y así ahora tenemos al presidente Tabaré Vázquez lanzando un “gran debate nacional” para evaluar la posibilidad de comenzar un programa atómico uruguayo. Los políticos de todos los partidos se la pasan hablando de lo importante que es seguir desarrollándonos y desarrollándonos, produciendo y produciendo, exportando y exportando. Dice Dios que desde el momento en que estamos yendo hacia el Apocalipsis “a sabiendas”, después no le vayan con quejas.
Publicado en Adital Brasil










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