China es un ejemplo de la peor política hidráulica, según denuncian varias entidades
La famosa presa de las Tres Gargantas y la detracción de caudales del Tibet para otras regiones son dos buenos paradigmas de insostenibilidad y del alto precio humano y ambiental que el país está pagando. En el caso de las Tres Gargantas se ha desalojado a más de cuatro millones de personas e inundado 140 núcleos urbanos y han desaparecido más de 1600 establecimientos fabriles y empresariales. Ha costado más de 25.000 millones de dólares para producir 18.200 megavatios con 185 m de altura y más de 2 km de largo en el río Yangtze.
El proceso está plagado de casos de corrupción, problemas técnicos no reconocidos, falta de previsión y violación de los derechos humanos. Buena parte de las personas desalojadas vive en condiciones de extrema pobreza y no tiene opción a la reclamación.
Medioambientalmente, la inundación de minas, industrias, vertederos y polígonos industriales aguas arribas está creando gravísimos problemas de contaminación en el Yangtze y sus tributarios. Está dañando irreversiblemente una de las pesquerías más importantes del Mar del Este de China en el que las capturas se han reducido en un millón de ejemplares anuales, y las laderas del río se están desplazando por la gran presión del agua embalsada lo que provoca el desplazamiento forzoso de cientos de personas más.
En el Tibet, la detracción de caudales para abastecer otras regiones, sin información pública, está desecando los acuíferos y dejando sin recursos hídricos a la región.
Estas consideraciones sobre las grandes presas ya se hacen en el Informe sobre Presas de la World Comisión of Dams de 2000, avalado por la ONU en el que se pone en cuestión la eficacia de todas las grandes presas del mundo.










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