La expansión de las algas tóxicas


Llega la primavera y, con ella, el calor y la luz. Es el momento de las algas, de utilizar los abundantes nutrientes que hay disueltos en el agua de mar y proliferar; es decir, formar grandes poblaciones que serán la base de la cadena alimentaria en cualquier océano. Pero no todas las proliferaciones son buenas para los organismos que viven el mar. En algunos lugares, un fenómeno natural que antes estaba controlado se ha convertido en una pesadilla. Algunas especies de algas producen toxinas que entran en la cadena alimentaria, matando a los organismos o produciendo serios daños a sus consumidores. Son las mal llamadas mareas rojas o blooms [algo así como crecimiento exponencial] de algas que cambian el color del mar: rojo, blanco, verde…

“Todavía no tenemos en la mano la información para saber qué provoca un bloom”, dice Bob Weisberg, de la Universidad de South Florida. “Desconocemos qué lo mantiene y cuál es el mecanismo que las hace desaparecer”. En la península de Florida, las mareas rojas son ya habituales, pero lo peor es su tremenda extensión. “En 2005, tuvimos una de las peores mareas rojas que se han registrado jamás”, prosigue el ecólogo marino, “y nos tememos que las condiciones de este año 2008 nos van a traer algo peor”.

Peces, manatíes, tortugas o delfines murieron, y los aerosoles, provocados por la espuma de mar, azotaban a los habitantes provocando alergias e irritaciones. “Saber cuándo y cómo se va a producir una de estas proliferaciones descontroladas que pueden llegar a durar semanas nos beneficiaría”, comenta Cyndi Heil, del Fish and Wildlife Research Institute de Florida. Por eso, en el centro, han hecho un programa de seguimiento exhaustivo: temperatura, salinidad, nutrientes, concentración de células en el agua… “Es información que cada vez nos ayuda a interpretar mejor el fenómeno del súbito aumento de estas algas tóxicas”, añade Heil.

Pero Florida no es el único lugar en el que se han tomado muy en serio hacer un seguimiento de este tipo de fenómeno. En la costa catalana, la Agència Catalana de l’Aigua lleva un registro exhaustivo de las posibles proliferaciones algales, su duración y extensión a lo largo de la costa gracias al equipo de Jordi Camp, del Instituto de Ciencias del Mar del CSIC.Una de las componentes de este equipo, la investigadora Ramón y Cajal Esther Garcés, comenta: “Las proliferaciones de algas se están convirtiendo en zonas como el Mediterráneo en un auténtico problema para el sector turístico: tanto las algas tóxicas propiamente dichas como las que simplemente forman abultadas masas de plancton son un problema, porque pueden perjudicar al marisco, a los peces y a otros organismos”. Pero es que, además, las aguas se tornan desagradables para aquel que quiere estar sus dos semanas bañándose en la costa.

La imparable expansión

El problema no dejaría de ser anecdótico si no fuese por el tamaño planetario que ha adquirido en la última década. “Hemos podido detectar un avance imparable de algunas especies que se han convertido en cosmopolitas”, dice la investigadora del Instituto de Ciencias del Mar Magda Vila. “Muchas de estas especies no son propias por ejemplo del Mediterráneo, pero se han adaptado y ahora se están extendiendo rápidamente”.

Pero, ¿cómo se expanden estas algas?. Hay dos factores principales. Por un lado, las embarcaciones que transportan sin cesar mercancías a lo largo y ancho del planeta han propiciado su movimiento gracias a las llamadas aguas de balance. Estas aguas sirven a los barcos, entre otras cosas, para equilibrar la carga en los grandes buques. “Se cargan de agua en Hong Kong y se descargan en Marsella, portando consigo algas y animales que permanecen en una especie de letargo hasta que encuentran las condiciones óptimas de crecimiento, quizás en la otra punta del mundo” dice Mercedes Masó, también del ICM-CSIC.

Pero muchas especies necesitan aguas bastante tranquilas para poder activar el proceso de crecimiento. Ahí entra en juego el segundo factor: la multiplicación de puertos, sobre todo en el primer mundo.

El control del tráfico de estas algas es difícil, aunque su seguimiento es imprescindible para entender mejor el posible daño que pueden causar y alertar a la población en caso de que el bloom sea tóxico. “Algunas proliferaciones llegan a contener más de sesenta millones de células por litro, lo cual es mucho si comparamos con cifras normales como 1.000 o 10.000 células por litro”, continúa la doctora Garcés .

“Pero algunas especies no necesitan grandes concentraciones para ser muy tóxicas, si se concentran en organismos como los mejillones o las ostras”, añade.

Y es que las toxinas de algunas especies pueden ser mortales, incluso para el ser humano. Por eso, su aparición es mucho más que una anécdota turística, ya que pueden dejar a los pescadores y cultivadores de marisco sin producto durante semanas enteras. Poco a poco, se empieza a comprender que la destrucción del hábitat, incluso el terrestre, puede ser un factor que estimule el crecimiento de estas algas.

“Estamos comprobando que la desaparición de los everglades o zona de marismas en Florida está directamente relacionada con la persistencia de estas proliferaciones algales”, comenta Bob Weisberg. “El complejo sistema de canales y las plantas que allí habitan sirven de depuradoras naturales de la gran cantidad de nutrientes que, de esa forma, no van a parar al mar. Sin esa barrera natural, los nutrientes llegan en grandes cantidades al mar y las algas se encuentrana sus anchas”.

Varios proyectos, como el europeo STRATEGY, están diseñados para comprender los todavía no del todo conocidos mecanismos de funcionamiento de las mareas rojas. En lo que la mayoría de los especialistas coinciden, es que los profundos cambios que sufren tanto los sistemas terrestres como marinos están pasando ya factura, y que las proliferaciones de algas van a continuar su proceso de expansión y de interferencia en los ecosistemas oceánicos.

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