En defensa de la pesca sin muerte
Ante el inminente inicio de la temporada de pesca de salmónidos en muchas comunidades autónomas, creemos que es un buen momento para recordar que los ríos no son infinitos en la subsistencia natural de sus poblaciones de peces y que los pescadores, al margen de las diversas circunstancias que también las perjudican, podemos hacer mucho para que mejoren y podamos disfrutar más de la pesca.
No está muy claro quién fue el primer pescador de caña que optó por devolver su captura al río del que había salido, pero si está claro que en ese momento comenzó una gran revolución que ha transformando la pesca de ser una mera actividad extractiva a convertirse en una productiva actividad recreativa. A finales del siglo pasado la devolución de las capturas comienza a expandirse a partir de la necesidad de compatibilizar el ejercicio de la pesca con la conservación de las poblaciones de peces. La enorme presión que el creciente colectivo de pescadores ejerce sobre las poblaciones de peces es notorio en los recuentos que se realizan en los ríos al inicio y al final de cada temporada, influyendo notablemente y de manera decisiva en el alarmante declive que experimentan algunas de estas especies, sobre de las más apreciadas.
Esta situación ha llevado a algunas administraciones ha tomar medidas de protección drásticas que sin duda afectan al colectivo de pescadores, como ha sucedido este año en la Comunidad Navarra con la veda de gran parte de sus aguas trucheras o la obligación de liberar los ejemplares de trucha común capturados en Andalucía desde hace ya tres años. En otras ocasiones, cuando no se han tomado medidas, hemos acudido al lamentable espectáculo del declive progresivo de sus escenarios de pesca o al incremento artificial de sus poblaciones de peces a base de repoblaciones.
Conscientes de que la pesca sin muerte se muestra como una herramienta de primer orden para la gestión de los recursos piscícolas, muchas administraciones establecen la obligatoriedad de devolver las capturas al agua en ciertos lugares, ciertos días o épocas del año. Todo en un loable afán, no siempre bien comprendido, por conservar nuestro potencial piscatorio. En las aguas de pesca tradicional es una opción personal el sacrificar las capturas, por supuesto respetando siempre cupos y tallas legales, pero cada vez es más frecuente encontrar el compromiso de aficionados que liberan sin excepción sus capturas.
El liberar con vida un pez tras su captura, y hacerlo de forma que sus posibilidades de supervivencia queden garantizadas en lo posible, es decir: la pesca sin muerte, es una magnífica medida para potenciar la pesca haciéndola compatible con la conservación de las especies y con la que cada vez más pescadores estamos comprometidos.










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