Tiburones: detener la masacre

Imagínese que está tranquilo en la playa contemplando la inmensidad del océano, de súbito es atrapado por un anzuelo que atraviesa su paladar y lo arrastra hacia el mar. Una vez en el agua, es aturdido por un lluvia de garrotazos en la cabeza para posteriormente ser atravesado por un alambre desde su boca a lo largo de todo su tracto digestivo o bien es seccionado transversalmente para evitar que pueda moverse y oponer resistencia. Finalmente sus brazos y piernas son cercenados y es devuelto a la tierra donde muere desangrado.
Esto que parece un mal guión de película de terror, es la historia cotidiana de miles de tiburones de nuestro país, donde es habitual su captura como especie objetivo o incidental con la finalidad de extraer sus aletas para comercializarlas en el mercado oriental por considerarse de alto valor afrodisíaco. O sea que para garantizar una buena sexualidad de los chinos o taiwaneses se pone en riesgo la conservación de estos carismáticos animales, que han logrado persistir durante millones de años y que gracias a su condición de predadores de alto nivel trófico se han logrado constituir como los monarcas de las profundidades.
Lo más grave es que a través de esta práctica no sólo se pone en peligro el estado de conservación de los tiburones, sino que además se está desperdiciando el 95% del escualo que es devuelto al mar, y que potencialmente constituye una importante fuente de proteínas que puede suplir el déficit alimentario de los sectores más pobres. Aún más, en países como Colombia existe una importante tradición culinaria con la carne de estas especies, lográndose elaboradas y mejoradas recetas del gusto de los paladares más exigentes.
A pesar del desarrollo económico que ha experimentado nuestro país, otro aspecto que refleja el carácter bananero asentado en el inconsciente colectivo de los chilenos, es el hecho que gran parte de las aletas exportadas a extranjero se procesan para elaborar medicamentos como el Fin Artrit, para el tratamiento de la artrosis, que luego ingresa a Chile con una valor mucho más alto en relación al costo original de las aletas de tiburón, siendo que nuestro país cuenta con las aletas, los laboratorios y la tecnología para fabricarlo.
Muchas veces sólo el ser majadero puede reportar algún beneficio. Hemos denunciado hasta el cansancio que esta práctica es insustentable y que basta un poco de voluntad para controlarla. Ya están disponibles todos los lineamientos base y antecedentes técnicos para regular la pesquería, se puede prohibir en forma inmediata el aleteo, medida que por sí sola actuaría como reguladora del esfuerzo pesquero, esto mientras se profundiza el estado del conocimiento sobre la dinámica del recurso.
En la mayoría de las pesquerías de tiburones del continente, el aleteo se encuentra reglamentado, por lo que resulta impresentable que en Chile no exista ninguna regulación sobre esta materia. No es necesario que la pesquería colapse para adoptar las medidas de ordenación pertinentes, hay que anticiparse y definir las herramientas de administración dentro de un contexto de manejo precautorio.
Las presiones de la comunidad científica y la sociedad civil han sido relevantes en esta materia. Destacados investigadores de nuestro país han denunciado esta práctica y hemos tenido que proyectar videos en los medios locales para que la gente adquiera conciencia sobre estas bárbaras costumbres, como única forma de lograr alguna recepción por parte de la autoridad. Por esta razón, nos parece una injusticia que el jueves 7 de septiembre haya salido publicado en El Mercurio que la SUBPESCA sea quien impulsa un plan de conservación para estos peces, siendo que han sido las universidades y la ciudadanía quienes más han propiciado este plan.
Actualmente se encuentra en proceso de consulta ciudadana la elaboración de este plan nacional de manejo. Sin embargo, creemos que la forma de convocatoria no es efectiva, ya que no parece un mecanismo eficiente el llenar de formularios a la SUBPESCA (que nadie nos asegura que se van a analizar), siendo que se pueden desarrollar foros con participación de todos los sectores en donde se pueden obtener conclusiones válidas y realmente representativas. La otra crítica que tenemos a este proceso de consulta es que contempla dos planes de acción: uno a corto plazo y otro a largo plazo, sin considerarse un medida de carácter inmediato, que incorpore exclusivamente la erradicación del aleteo.
Además, en el caso de muchas pesquerías, las presiones de los múltiples usuarios redundan en que no se puedan establecer medidas de manejo pesquero idóneas. En este caso, el número de usuarios y conflictos potenciales es bajo y estas especies en su mayoría son capturadas como fauna acompañante, por lo que políticamente la regulación del aleteo es aún más viable. De hecho, en una reciente entrevista con el principal exportador de aletas de tiburón, concluimos que la postura de prohibir el aleteo y obligar a las embarcaciones a llegar a puerto con el animal en forma íntegra es recíproca, como una forma de perpetuar esta actividad económica. A través de este sencillo mecanismo se podría regular la pesquería en forma inmediata, mientras se desarrollan las evaluaciones de stock y estudios correspondientes que permitan definir cuotas de captura u otras medidas de administración. Se trata de hacer sustentable la pesquería, de que todos los usuarios puedan mantener sus actividades productivas para así propender tanto a beneficios sociales, a través de los múltiples pescadores que viven de esta actividad, como económicos, ya que la exportación de aletas al mercado oriental continuaría, acorde con las políticas y directrices de nuestro desalmado sistema neoliberal y la orientación casi exclusivamente económica de nuestra autoridad.










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