El juego de la ballena


El juego de la ballena

Las ballenas son responsables de los desequilibrios en la biodiversidad oceánica. Las ong’s son un peligro social. La moratoria en la caza afecta la industria. Estos son algunos puntos de la Declaración de St Kitts & Nevis de la Comisión Ballenera Internacional. Porque si en última instancia el discurso del poder siempre es cínico y arrogante, más aún lo es de aquel que quiso ser un imperio y no pudo. El Japón recuerda muy bien Hiroshima, pero soslaya sus atrocidades. Y en la cuestión ballenera aparecen de manera brutal sus pretensiones imperiales. En la 58 Reunión de St Kitts & Nevis de la CBI se produjo por primera vez en veinte años una victoria de los países depredadores sobre los conservacionistas. Se impuso por 33 votos sobre 32. Este bloque liderado por el Japón tenía como puntos de apoyo naciones cuartomundistas y la confrontación se definió cuando en la sesión aparecieron de pronto los representantes de Togo y Senegal. Greenpeace denunció que Tokio reclutó 21 gobiernos a cambio de 240 millones de euros. Incluso El Salvador y Guatemala habían mostrado sus inclinaciones pro-japonesas, pero no lograron hacer a tiempo los trámites burocráticos para inscribirse en la CBI. También hubo ausencias inquietantes de países conservacionistas como el Uruguay y Costa Rica.
La Declaración de St Kitts reproduce el clásico reclamo japonés: la “normalización” del organismo. Es decir, volver a sus funciones originarias de regular la captura y no preocuparse tanto por la conservación de la especie. El microestado caribeño de St Kitts & Nevis se incorporó a la CBI en el ‘92 y desde entonces ha mantenido un apoyo incondicional a las reivindicaciones del Japón. En ocasión de esta reunión, impidió que un buque de Greenpeace ingresara al puerto y sus policías arrestaron a diez activistas que, en uno de sus conocidos actos de teatralidad mediática, se preparaban para enterrar colas de ballenas de cartón en la playa. ¿Eso es todo?: Japón trató de introducir el voto secreto. De esta manera, los ciudadanos no estarían informados acerca de cuál es la posición de su gobierno. A pesar de haber fracasado en esta iniciativa y en otras (la derogación de la moratoria y eliminación del Santuario Ballenero Austral), su posición salió fortalecida. El ministro de Conservación de Nueva Zelanda dijo que a pesar de preservarse la moratoria, la mayoría simple permitirá al Japón conducir la CBI, eliminar el Comité de Conservación, promover el comercio de productos balleneros y legalizar su campaña de “caza con fines científicos”.
Según el Instituto de Conservación de las Ballenas, con sede en Puerto Madryn, “esta situación podría convertir a la Comisión Ballenera en el primer organismo internacional totalmente controlado por un solo país, con una metodología altamente cuestionada por la comunidad internacional y significaría, además, un retroceso histórico en la protección de los cetáceos, ya que podrían eliminarse de la agenda de la CBI todos los temas vinculados con la conservación y uso sustentable no letal”.
Una cuestión: ¿el menú tradicional japonés tiene el suficiente peso para producir una devastación de dimensiones oceánicas? Lo concreto es que el propio Estado alienta el consumo de carne de ballena entre los chicos. Cada año se multiplica en los comedores de las escuelas públicas. Como dijo un funcionario del Consejo de Educación: “Queremos que los escolares conozcan la cultura de la dieta tradicional”.
Ante cualquier cuestionamiento, las autoridades de Tokio responden con un ataque: acusan a Occidente de ejercer colonialismo cultural sobre su gastronomía. Hace unas semanas, la flota ballenera regresó del océano Austral con restos de 853 ballenas Minke y otras 10 de una especie en peligro. La cifra duplica las capturas del año pasado en estas aguas. La Minke es una de las predilectas del Japón. Durante el siglo XX, la cacería de las ballenas grandes las condujo a su mínima población. Así comenzaron a prestar atención en esa especie, pequeña pero numerosa. El nombre no se lo debe a ninguna figura como Darwin o Costeau, sino todo lo contrario. En una de las grandes cacerías de fines del siglo XIX, el señor Meincke -que trabajaba con Svend Foyn (inventor del arpón explosivo)- la confundió con una ballena azul que mide 30 metros, mientras ésta apenas llega a los 10. Su cacería comenzó en el último decenio y la población actual se ha estimado en unos 500.000 individuos.
Como dijo Roger Payne (el científico que descubrió el canto de las ballenas), “los sonares militares, el enmallamiento en redes de pesca y el calentamiento global representan una gran amenaza para lograr la recuperación de las poblaciones de la cacería comercial histórica. El aumento del número de individuos cazados por Japón es demasiado para muchas especies de ballenas. La continuidad de la matanza y los esfuerzos del Japón por lograr la aprobación internacional de la cacería comercial son serias amenazas para las ballenas y debemos oponernos de todas las maneras posibles antes de que sea demasiado tarde”.
Básicamente, los seres humanos tenemos dos maneras excluyentes de relacionarnos con las ballenas: saborear su carne o mirarlas fascinados. Así es cómo, además de la industria ballenera, se ha desarrollado el turismo de avistamiento que moviliza a cuatro millones de personas con una economía de 317 millones de dólares. Es fuerte no sólo en nuestra nación, Chile, Brasil, Australia sino también en Omán y otros países costeros ubicados en la ruta de los cetáceos. Por eso, el Instituto de Conservación de las Ballenas y el Centro de Conservación Cetácea de Chile promovieron una declaración conjunta de 50 ong’s latinoamericanas para presionar sobre sus gobiernos. El negocio de pocos atenta contra el derecho de nuestras naciones de efectuar el uso no letal de ballenas. El acelerado crecimiento del turismo de observación de cetáceos que se ha producido en muchos de los países de América y el Hemisferio Sur demuestra que son muchos más los que quieren estos mamíferos vivos. Nuestras voces deben ser escuchadas. Lo cierto es que el incremento de la matanza tendrá como escenario privilegiado nuestros mares australes.

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