Proyecto Gran Simio


Proyecto Gran SimioMi amigo, el biólogo Celso Carvallo, fotografió, en Guinea, a un chimpancé que se encontraba prisionero en una jaula inmunda.

Iba a ser sacrificado para consumo, y él lo sabía. Al ver la fotografía revelada, ya en Galicia,  quedó conmocionado ante la mirada, humana, de tristeza y  desesperación, de esa criatura.
Gorilas, chimpancés, orangutanes, bonobos, son nuestros parientes más próximos en la escala evolutiva. Conocí a los miembros de un grupo de chimpancés que parecían haber escapado de la tragedia en Africa para encontrarla en España (todos fueron exterminados y la pequeña, Lili,  ahorcada, en San Roque). Tengo anécdotas increíbles de ellos, como la del que  se orinó en casa de Jaime Pérez-Llorca, se dirigió  a la cocina y apareció con una fregona, con la que  limpió su orina. 
Los grandes simios no pueden expresarse con nuestro lenguaje, porque su laringe no es igual a la nuestra,  pero sí aprenden a comunicarse con nosotros “si se les enseña- con el ordenador o con los signos de los sordomudos. De este modo, la gorila Koko  contó, gimoteando, a una periodista que estaba muy triste porque un coche había atropellado a su gato (era cierto). Luego se interesó por un vistoso anillo que esa mujer llevaba y le dijo que “era muy bonita su pulsera de dedo” y le explicó que su golosina favorita era el helado de  chocolate. Y cuando la periodista le preguntó qué era lo que no le gustaba le respondió que mirarse en el espejo (porque se veía fea). La gorila  Koko  sabe escribir su nombre.
Sometidos a torturas en los laboratorios, en donde les implantan electrodos, les amputan trozos de cerebro y les inoculan el V.I.H.; condenados a cadena perpetua  en centenares de zoológicos; ofrecidos como carne a los trabajadores de las compañías madereras”  Ya va siendo hora de que a estos seres tan evolucionados se les reconozca el derecho a la protección de su hábitat, a la supervivencia y a una vida digna. Estoy segura de que esto, que no es mucho pedir,  marcará un hito en la historia de la humanidad, como lo marcaron en su día  el reconocimiento de derechos a las mujeres o  a los esclavos negros.
Hace tiempo que en el ordenamiento jurídico de algunos países, como Nueva Zelanda, se reconocieron derechos a los grandes simios. Y aunque este reconocimiento, que se les hace por los próximos que están a los seres humanos, tenga una clara concepción antropocéntrica,  ya es hora de que avancemos moralmente en la historia. Por ello hay que felicitar a quienes desde Proyecto Gran Simio y desde el Congreso de los Diputados lo han hecho posible en España.

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