España: el paraíso corrompido
.jpg)
Piense en España y con esa palabra, ya tiene suficiente para imaginarse emprendiendo una experiencia sensual. Caminos estrechos y sinuosos que desembocan de repente en montañas espectaculares dominando las sublimes extensiones de la costa Mediterránea. Noches estimulantes y moradas de brisas tranquilas. Hogares de piedra caliza drapeados de sol, y ramos de flores salvajes dentro de cubos de arcilla, acompañados por las vibraciones melancólicas de una guitarra. Suena maravillosamente apacible, ¿verdad?
Piense otra vez. Hojeando la revista que dan en el avión durante su viaje hacia la costa Mediterránea, usted será capaz de vislumbrar las primeras señales de un paraíso venido a menos. De hecho, después de sólo unos pocos días permaneciendo en uno de los muchos hoteles masificados situados en un diminuto trozo de la tierra, usted nunca se imaginaría que esto fue una vez una antigua extensión de arena blanca indómita. En vez del debut soñado que usted esperaba, tendrá que conformarse con una masa furiosa de cemento, acero, alambres, ruedas y máquinas que se arrastran hacia un paisaje que se desvanece. Explorando el país aún más, usted no dejará de advertir el ritmo al que la línea costera, así como el interior, están siendo desfigurados por la bonanza de la construcción. Apartamentos al estilo americano, complejos de lujo, y campos de golf que engullen agua se propagan cada vez más como una nueva enfermedad. Es una escena tan común que hasta los españoles se refieren a ello sarcásticamente simplemente como “el ladrillo”.
Los orígenes de esta epidemia de la construcción se remontan a finales de la década de los cincuenta, cuando una nueva moda desarrollada por unos políticos sedujo a unos promotores; atraer una corriente de turistas cautivados con lo que España tenía que ofrecer: el sol, la arena y los complejos baratos. Sus homólogos más ricos provenientes del norte de Europa supusieron un giro dramático para un país sumiso en la pobreza durante décadas. Pedí a Angel Beloqui, Arquitecto Municipal para la Concejalía de Urbanismo en Segovia, que me resumiera las raíces históricas del problema: “Cuando el turismo comenzó a prosperar en los años cincuenta y nosotros nos abrimos al mundo, todo sucedió muy rápidamente. Se podría decir que fuimos de 0 a 100 kilómetros en prácticamente nada de tiempo, y ahora estamos pagando las consecuencias de este mentalidad desarrollista”. (desarrollismo: tendencia o periodo favorable a un crecimiento y expansión económica a ultranza y a cualquier coste)
La transformación rápida que sufrió España por culpa de esta mentalidad desarrollista es ahora fuente de interés para expertos y ecologistas. Beloqui cree que los niveles actuales de destrucción ambiental relacionados con el boom de la construcción son moderados, comparados con la destrucción producida en las décadas anteriores. Cegados por la perspectiva de ganancias exorbitantes, las décadas de los 60 y 70 fueron testigos de una clase de desarrollo urbano que carecía tanto de sostenibilidad como de refinamiento. Acabada la luna de miel, muchos españoles están actualmente más enterados de los problemas de una planificación urbana inadecuada, pero los fantasmas del pasado continúan obsesionando al país. Aunque Angel Beloqui diga que los niveles actuales de destrucción son inferiores a los de las décadas previas, Paco Toledano, coordinador general de una de las organizaciones ecologistas más prominentes de España (Ecologistas en Acción Almería), opina de manera diferente.
“La costa andaluza y el Levante están siendo sistemáticamente destruidos por la fiebre de la construcción,” dice Toledano. “En la mayoría de los casos, el daño será irreversible.”(1)
Después de la entrada de España en la Unión Europea en 1986, el sector de la construcción se convirtió en uno de los motores de la economía española, actualmente casi el seis por ciento del PIB nacional. El boom de la construcción está impulsado no sólo por intereses económicos locales, sino también por el crecimiento del mercado de la segunda vivienda que ha convertido a España en un paraíso para muchos europeos del norte. Poco después de que España entrara la UE, millares de ingleses, y en un grado menor, alemanes y escandinavos, comenzaron a dirigirse a España en busca de un lugar permanente al sol. Indudablemente, los atractivos que llevaron inicialmente a millones de turistas a hacer su peregrinación anual del verano a España — principalmente el tiempo agradable, la hospitalidad española, su historia y la cultura, y por supuesto, su precio asequible con respecto a otros países europeos occidentales ” desempeñaron un papel prominente en su decisión de mudarse permanentemente. Las costas de España ahora albergan 3,8 millones de segundas viviendas. Según algunas estimaciones, el número podría aumentar a casi cinco millones de unidades hacia el 2010. En 2004, 1,7 millones de hogares en España eran propiedad de extranjeros, y un número desproporcionado de éstos era británico: Aunque la estadística no sea del todo fiable, los expertos estiman que más del cincuenta por ciento de las casas compradas en áreas costeras van a manos extranjeras (2). De hecho, la inversión que proviene del exterior en el sector inmobiliario pasó de 3,5 mil millones de dólares en 1999 a 8,7 mil millones en 2003: un aumento del 147 por ciento (3). Además, los datos ofrecidos por los ayuntamientos revelaron recientemente que los planes ya han aprobado 1,65 millón de hogares más que construir desde la Costa del Sol al sur hasta Valencia al este.
Lo más irónico es que la histeria por la construcción sucede en plena crisis de la vivienda que afecta grandes segmentos de la población española, especialmente su juventud. Los precios de la vivienda siguen siendo el tema de conversaciones diarias en la rica tradición de las charlas de cafés así como en los medios de comunicación: sólo en 2004, el aumento fue del 17,4 por ciento a nivel nacional, y una economía basada en la especulación alrededor de la compra y reventa de la propiedad de nueva construcción tiene a muchos economistas preocupados por la sostenibilidad de este modelo. Activistas sociales y ecologistas ven el crecimiento del mercado de la segunda vivienda como una amenaza directa para los ciudadanos españoles. Como afirma Toledano, “el mercado de la segunda vivienda está contribuyendo a un aumento excesivo en los precios de la vivienda”. Al mismo tiempo, es un mercado caracterizado por una escasez en la calidad: los materiales de construcción son pobres, las casas son construidas apresuradamente por mano de obra sin calificación, y a menudo en zonas propensas a deslizamientos de tierra e inundaciones (4).
Tal es el diluvio de ladrillos y cemento que hasta el sector del turismo muestra últimamente signos de la rebelión. FITUR — vestíbulo más grande de turismo de España — se ha lamentado que el exceso de hogares residenciales en las costas lleva a muchos turistas a preferir destinos menos congestionados tal como Croacia, Macedonia, o Turquía. De hecho, desde 2002, todos los indicadores económicos señalan pérdidas significativas que pueden ser atribuidas al crecimiento del mercado de la segunda vivienda. “La industria de turismo necesita a turistas que hacen viajes, comen fuera, van a fiestas,” dice Maria José Caballero, la coordinador de los programas de protección costera de Greenpeace España. “Se estima que una persona que compra una segunda vivienda, sin embargo, gasta seis veces menos que el clásico turista de vacaciones al que estamos acostumbrados”.
El dinero como siempre
Con promotores que se pelean por los pocos parches de tierra que se han librado hasta ahora de transformarse en “suburbios costeros”, el turismo no es el único sector que se ha visto afectado negativamente por el caos de la construcción. La política española a niveles locales y regionales es también sospechosa de complicidad con el mundo del ladrillo y mortero. Las mafias utilizan ahora proyectos de urbanización para blanquear dinero negro conseguido con actividades ilegales a través de las redes criminales que se extienden por Colombia, Rusia, Gran Bretaña y Turquía. En 2003, el Instituto andaluz de Criminología publicó un informe crítico que advertía del paso de la autoridad política legítima en la región costera andaluza a manos de bandas criminales organizadas (5). Organizaciones en la sombra influyen cada vez más y se apropian de municipios locales pequeños, demasiado débiles para resistirse al brillo y los excesos del enriquecimiento rápido. Muchos municipios locales llenan las arcas municipales con fondos conseguidos a través de la reclasificación del suelo, en muchos casos, rozando lo ilegal. En el pueblo de Marbella, el escándalo de la operación Ballena Blanca ha permitido encarcelar a cincuenta y ocho personas (abogados, arquitectos, etc.), y muchos de los miembros del consistorio municipal del pueblo han sido acusados por corrupción y blanqueo de dinero. Esta crisis política ha llevado finalmente al Gobierno Andaluz a dudar de la capacidad por parte de los ayuntamientos de aprobar los nuevos PGOUs.
El caso andaluz, sin embargo, no es ni de lejos el único. En 2005, una concejala del conservador Partido Popular, Antonia Sánchez Carillo, fue inmiscuida a un escándalo de reclasificación en la ciudad de Murcia. Carillo fue acusada de formar parte de una trama que benefició a Polaris World, una compañía constructora multimillonaria especializada en complejos residenciales de lujo en la región (6). Según el Profesor José Luís Diez Ripolles, que coordinó el informe sobre el crimen en Andalucía, la complicidad existente entre el mundo de la política y de la construcción se basa en la escasez de un recurso básico: el suelo. Las compañías constructoras presionan desmesuradamente a los ayuntamientos para volver a clasificar el suelo como urbanizable. Como Diez Ripolles declara, “el hecho de que en municipios pequeños y medianos, los lazos personales entre los promotores, las compañías constructoras y los políticos son inevitables, refuerza un proceso que carece de transparencia” (7). Por no mencionar el hecho de que la proliferación de la actividad criminal organizada es también negativa para la población local, pues le obliga a coexistir con — y aguantar lo más duro de — un aumento de la actividad criminal en su medio.
Diez Ripolles es optimista en cuanto a que las regulaciones actuales pueden ayudar a frenar el crecimiento de las prácticas corruptas, pero para que esto pueda suceder, “la ley tiene que ser aplicada rigurosamente” y los gobiernos regionales necesitan actuar rápidamente contra el crimen organizado ligado al desarrollo urbanístico. El gobierno andaluz ha dado los pasos necesarios para limitar la actuación de la política con el ladrillo después de años de pasividad. Prueba de ello, los movimientos significativos de capital de Andalucía a Murcia y Valencia.
La amenaza del impacto ambiental
Sin embargo, la dimensión social y política de la crisis de la vivienda son sólo un aspecto de un fenómeno mucho mayor. Los ecologistas e incluso algunos políticos están preocupados por el desarrollo sostenible de los ecosistemas de España. Greenpeace España ha denunciado que el mercado de la segunda vivienda tiene un grave impacto sobre los ecosistemas costeros. Y efectivamente es así. La reciente red de autopistas parejas y perfectamente lisas que conectan los muchos suburbios residenciales extranjeros, con piscinas, campos de golf y otras infraestructuras representa una mentira insostenible. Los nuevos aeropuertos, los caminos, los campos de golf y los puertos artificiales son caros de construir, caros de mantener y lo peor de todo, engendran una enorme cantidad de residuos. Para una región como el Mediterráneo, un mar que sólo puede renovarse por la apertura estrecha del Estrecho de Gibraltar en el Este, esto puede significar una sentencia de muerte.
Nada puede parecer más incongruente en este paisaje desecado del Levante y de la costa andaluza que los campos de golf engullendo agua. Muchos europeos que se lanzan sobre estos nuevos hogares vienen con ganas de un estilo de vida de película– que incluye inevitablemente los campos de golf. Según las organizaciones ambientales y los residentes locales, estos sangran la tierra seca: En el 2004 ” un año de sequía extrema — las pérdidas en el sector agrícola llegaron a la friolera de 4,8 mil millones de dólares hasta la segunda mitad de 2005. Indudablemente, muchas de estas pérdidas provinieron de la sequía persistente, pero a los agricultores cuyas tierras mueren de la sed, los campos de golf exuberantes y los complejos bien regados que surgen alrededor de ellos, representan un insulto añadido a los daños padecidos. Los campos de golf representan un negocio provechoso, con ganancias anuales de 1,2 millones de dólares. Para mantener el ritmo impuesto por la demanda, los dueños de los campos de golf ya han empezado a utilizar el agua destinada al consumo humano (8 ). Julia Martínez, investigadora en la Universidad de Murcia en el Departamento de Ecología, es muy crítica en cuanto a lo que ella llama el “el mercado de la segunda vivienda de baja densidad” unido a los campos de golf, que ella declara responsable de introducir hábitos destructivos de consumo de agua. “En 2015,” dice, “es probable que los niveles de consumo de agua con ese uso superarán los del sector agrícola”. (9)
Los que practican el golf defienden la proliferación de cursos nuevos argumentando que crean puestos de trabajo. Pero Maria Jose Caballero de Greenpeace discrepa: “No se construyen por una demanda creciente para jugar el golf, pero porque una propiedad con un campo de golf al lado cuesta un veinte por ciento más una vez que sale al mercado. Los campos de golf no engendran tantos trabajos, y en vez de eso, malgastan una enorme cantidad de recursos que se necesitan en otras partes”. (10) A pesar de saberlo, las compañías constructoras no se cortan lo más mínimo en cuanto a hacer de los campos de golf una característica ineludible de sus complejos residenciales. Los números reflejan irremediablemente este hecho: de 138 a 276 en apenas cinco años con otros 150 en camino. La región de Murcia cuenta ella sola con planes para otros treinta y cuatro.
El boom del golf es sintomático de la incapacidad de España para proporcionar una solución sostenible a su crisis del agua. El gobierno español ha advertido que al menos 450.000 viviendas nuevas proyectadas a lo largo de cincuenta pueblos y aldeas de las costas de Valencia, Alicante, Murcia y Almería carecen de la autosuficiencia adecuada de agua y que los planes para su construcción deben pararse (11). Los promotores, por otro lado, defienden la sostenibilidad de sus proyectos argumentando que sus complejos residenciales dependerán de la venida de agua de las plantas desaladoras y que el agua utilizada para campos de golf no es apta para el consumo humano.
¿Pero, cuánto pueden ayudar las plantas desaladoras a aliviar la crisis de escasez de agua, especialmente durante los meses de verano cuando millones de extranjeros hacen su peregrinación anual a España? Hablé con Javier Porcuna, el Jefe de Prensa de ACOSOL, un consorcio público fundado en 1994 que distribuye agua a once municipios de la Costa del Sol. Según Porcuna, los sistemas innovadores de suministro y purificación de ACOSOL han tenido en cuenta un aumento significativo en el suministro de agua purificada para campos de golf y áreas verdes a través del Plan de la compañía para la Reutilización de Agua Purificada (12). El problema, según Maria José Caballero, es que “muchos planes para la purificación del agua se hacen teniendo en cuenta la población que reside en una región particular durante el invierno. Desgraciadamente, muchas regiones en España multiplican su población por veinte durante los meses del verano, y los planes no contemplan este aumento.”
Los funcionarios como Javier Porcuna declaran que sus políticas han tenido como resultado ahorros significativos en el consumo de agua de la región, un resultado al que ha contribuido parcialmente la construcción de plantas desalinizadoras. “La planta desalinizadora de la Costa del Sol,” dice Porcuna, “puede convertir agua de mar en agua excelente a través de un Sistema de Purificación de Agua por Osmosis Inversa. La mitad del agua procesada se desala, y la otra mitad es una mezcla salada que es devuelta al mar.”
Sobre el papel, suena a trabajo de un genio. Pero los ecologistas se apresuran en contradecir estas afirmaciones. “Los problemas generados por las plantas desalinizadoras,” lamenta Caballero, “son múltiples.” Por una parte, las plantas desalinizadoras llegan a ser un obstáculo significativo para transmitir al público la idea de que el agua es verdaderamente un recurso escaso. Pero lo que es más importante, su impacto ambiental es bastante severo en un complejo y frágil ecosistema como es el Mediterráneo. Tome, por ejemplo, la Posidonia oceánica. Una clase de césped de mar exclusivo de la región Mediterránea, que crece en áreas cercanas a la costa y juega un papel clave en el desarrollo sostenible del ecosistema Mediterráneo reteniendo la tierra y asegurando el alimento de mil especies diferentes. Para que la Posidonia prospere, dos condiciones esenciales se requieren: el sol, por lo que necesita crecer en aguas de baja profundidad cerca de la costa, y un nivel constante de salinidad. Imagínese el destino de la Posidonia cuando las plantas desalinizadoras utilicen el suelo del mar como vertedero para el exceso de sal — destruyendo irrevocablemente un componente esencial de la biodiversidad Mediterránea. (13)
El asunto no debe tomarse a la ligera: las directivas de la Unión Europea sobre el Hábitat ya incluyen las praderas de Posidonia como zonas de protección prioritaria (14). Esto, por supuesto, no es el único problema: En Murcia, el gobierno regional ha anunciado que el establecimiento de una agencia para regular el uso de las plantas desalinizadoras al servicio exclusivo de las áreas residenciales, ignorando las necesidades del sector agrícola (15). Parece ser que ni la Posidonia ni los agricultores locales importan mucho.
¿Cuánto tiempo más puede el litoral español seguir siendo un preso del lobby del cemento? Numerosos municipios en todo el país ya se están quedando sin espacio para proyectos adicionales de construcción, y las compañías constructoras están ahora proyectando complejos urbanísticos en espacios naturales protegidos. En un informe brutal, Greenpeace España denunció que esa urbanización costera ha vencido el veinticinco por ciento de la flora y fauna de la costa Mediterránea. (16) “Nosotros no proponemos una solución utópica,” dice Caballero, hablando con emoción a ratos. “Muy al contrario, lo que queremos es el desarrollo sostenible, es decir, un sistema permite que sus recursos existentes se renueven a sí mismo. Y para esto, una moratoria en la construcción es obligatoria.” Posiblemente, las palabras en un editorial reciente en el periódico conservador de ABC reflejaron las implicaciones de esta crisis en términos trágicos pero sencillos: “Si las cosas continúan así,” concluyó el editorial, “nosotros no necesitaremos ir a Africa para gozar de la tranquilidad del desierto. Nos bastará con ir a las Canarias, a Valencia, o a Murcia”. (17)
NOTAS
Entrevista personal con Paco Toledano.
2. “El 30% de los nuevos pisos se construyen en el litoral,” en La Vanguardia, el 28 de noviembre de 2005.
3. Fuente: http://www.procumasa.com/amplia_noticia.php?IdNoticia=67
4. Entrevista personal con Paco Toledano, Coordinador General de Ecologistas En Accion, Almeria.
5. “Criminal gangs drawn to booming Costa del Sol ” en El Guardián, el 25 de octubre de 2003.
6.http://www.abc.es/abc/pg060121/prensa/noticias/Nacional/Nacional/200601/21/NAC-NAC-022.asp
7. Jose Luis Diez Ripolles, entrevista por e-mail. Enero 2006.
8. “Jugar al golf en tiempos de sequia” en La Vanguardia, 25 de septiembre, 2005.
9. Entrevista con Julia Martínez, la Universidad de Murcia.
10. Entrevista por teléfono con Caballero.
11. “450.000 casas previstas en la costa mediterránea carecen de agua suficiente” en El Pais, el 29 de diciembre de 2005.
12. Javier Porcuna, Jefe de la Prensa en ACOSOL. entrevista. 13. Caballero, entrevista por e-mail.
14. http://europa.eu.int/comm/environment/nature/directive/ birdactionplan/16_actions_plan/09phalacrocorax_desmaretti.pdf
15. Entrevista con Julia Martinez.
16. http://www.greenpeace.org/espana/campaigns/costas/amenazas- para-la-costa/urbanización masiva-del-litoral .
17. “Valencia, Canarias y Murcia están ya en riesgo de desertizarse por completo” en ABC el 17 de junio de 2005
Handan T. Satiroglu, además de ser escritora profesional, ha impartido también clases de Sociología en la Universidad de Virginia del Norte, Northern Virginia Community College, la segunda más grande de los Estados Unidos. Sus conferencias se han centrado sobre todo en las discusiones teóricas y empíricas que abarcan los debates actuales, sociales, políticos y culturales. Ella comparte actualmente su tiempo entre Alejandría, Virginia y Segovia, España.










Zona de discusión - Deja su comentario