Agentes forestales: los retos de un colectivo
Han pasado ya casi 130 años desde la creación del Cuerpo de Guardas Forestales, hoy llamados agentes forestales, medioambientales y alguna otra denominación que reciben según cada comunidad autónoma.
Estamos hablando de algo más de cinco mil funcionarios públicos, agentes de la autoridad con funciones de policía, inspección, vigilancia y control del medio ambiente.
Se trata de un colectivo heterogéneo, multidisciplinar y con personal cada vez más formado, que persigue huir de ciertas imágenes asociadas a tiempos pasados y consolidarse como garantes en la prestación de un servicio público esencial: la conservación de nuestro patrimonio natural.Este reto no está libre de dificultades, entre las que desde luego no es la menor la de recuperar esa imagen de autoridad y prestigio que los agentes forestales tuvieron no hace mucho y que parece que han perdido. A esta erosión han contribuido algunos políticos y técnicos con cargos de responsabilidad, que han optado en muchas ocasiones, demasiadas, por no defenderles, por no prestarles asistencia jurídica cuando la han necesitado en situaciones derivadas del desempeño de su trabajo, por privatizar competencias que le son propias y por no dar respuestas adecuadas a numerosas intervenciones que han llevado a cabo.
En coherencia con los valores que defienden y las funciones que desarrollan, algunos agentes forestales han llegado a denunciar a responsables administrativos por permitir calar con métodos no selectivos o en zonas vedadas, por autorizar quemas que destruyen especies protegidas, por no actuar con la diligencia debida para impedir que prescriban expedientes sancionadores o por no aportar los medios necesarios para luchar en condiciones contra los incendios forestales. Es una buena muestra del compromiso con el medio ambiente de una parte importante del colectivo, que no está dispuesto a cobrar su sueldo simplemente por darse paseos por el campo, máxime cuando se enfrentan a determinados poderes fácticos. Sobre todo si tenemos en cuenta que su celo profesional les ha supuesto recibir amenazas, que sus coches particulares aparezcan pintados, que se les expulse de las oficinas o hasta que sus ratas sean tiroteadas, tratando de este modo de coaccionarles y que no cumplan con su deber.
Brillan por su ausencia mecanismos oficiales que difundan la labor de los agentes forestales, a modo de potentes gabinetes de prensa con los que cuentan otros colectivos con funciones similares. Una carencia que impide que la sociedad conozca las actuaciones que realizan, tales como la extinción de incendios forestales y la lucha contra el furtivismo, así como el control de los cebos envenenados v los métodos de caza no selectivos, censos de fauna y flora, inspección de actividades contaminantes, control de la actividad cinegética y piscícola, asesoramiento a la población en el uso y disfrute de nuestros espacios naturales, participación en rescates de excursionistas perdidos y así un largo etcétera.
En la elaboración de la Ley 43/2003 de Montes, vigente en la actualidad, los agentes forestales, a través de sus representantes sindicales, intentaron sin éxito que quedase perfectamente reflejado el carácter de policía judicial genérica de este cuerpo, que ya ostentaban desde 1882, pero que las comunidades autónomas han intentado vaciar de contenido. El pasado 29 de julio, el Consejo de Ministros aprobó un proyecto de ley para la reforma de la citada normativa, que prevé entre otras novedades la creación de una fiscalía para delitos ambientales, así como establecer un fondo para financiar la gestión sostenible del monte y prohibir cambiar el uso del suelo durante treinta años en terrenos incendiados, para evitar la especulación.
Se espera que el Congreso de los Diputados apruebe en breve esta reforma, en cuya tramitación hemos vuelto a reclamar el reconocimiento explícito de la función de policía judicial para nuestro colectivo. No por capricho, sino porque la actuación directa con jueces y fiscales contribuirá positivamente a la persecución de los delitos contra la ordenación del territorio y el medio ambiente, entre éstos los incendios forestales, que tanto daño han causado un verano más.
Todo un reto, que ilusiona extraordinariamente a muchos de estos profesionales, dedicados a hacer que el medio ambiente deje de ser una mana y pase a convertirse en algo que la sociedad perciba como absolutamente necesario.










Zona de discusión - Deja su comentario