Hoces del Riaza: El Refugio de Rapaces cumple 31 años

Viví durante 1974 la gestación de ese increíble proyecto, tan original que casi no había precedentes en España, recientemente renovado; y doy fe del entusiasmo con que Rodríguez de la Fuente nos decía: “Y cuando hagamos la reserva de los buitres”"
La ilusión que movió el Refugio hizo posible mantenerlo, incluso en condiciones duras, lo que resultó bastante más difícil todavía que crearlo. Aunque se han concedido 20 premios a trabajos realizados en el Refugio, el enorme esfuerzo realizado por mucha gente para estudiarlo y para defenderlo, incluso a costa de auténticos sacrificios personales, no siempre ha sido reconocido con el respeto que se merece (a veces, por quienes más deberían agradecerlo). Conviene recordar que el Doctor Valverde, creador de la reserva y del parque de Doñana, escribió en sus memorias, cuando hablaba de sus periodos de formación científica en otros países: “Aquello (”) me enseñó sobre todo una cosa: el respeto por la conservación del trabajo de los predecesores, sólida base sobre la que se asienta el presente.”
Hace más de un año del emotivo homenaje y desagravio que hicimos a los guardas, y al resto de personas que han entregado generosamente al Refugio una buena parte de sus vidas. La labor extraordinaria de Jesús Hernando y su padre Hoticiano y otros guardas excelentes, junto con la colaboración desinteresada y constante de cientos de personas o entidades (de dentro y de fuera de la comarca), han permitido desarrollar y hasta superar aquel sueño, que algunos creían “irrealizable”.
El Refugio ha aparecido ya en 43 congresos científicos (17 de ellos internacionales) y en 197 conferencias, y se han realizado sobre él 631 trabajos o informes naturalistas como mínimo (sin contar los relativos a los censos, que son muchos más). La revista “Quercus” lo consideró “un lugar emblemático para los naturalistas españoles”. Ha sido un ejemplo para reservas, comederos de buitres, estudios, etcétera, que se han hecho en otros lugares. Al menos en algunos aspectos, pocos espacios naturales han sido objeto de un seguimiento comparable, reflejado en 2.532 publicaciones de todo tipo, y profundamente respetuoso con un entorno excepcional. Una parte del conservacionismo español nació allí. Solamente en los censos de otoño han participado, alguna vez, 520 ornitólogos. Miles de naturalistas se han desplazado, algunos desde muy lejos, para visitarlo. Únicamente en mis archivos hay bastante más de 60.000 páginas de apuntes y de 7.000 diapositivas sobre el Refugio.
Damián Arguch escribía que el Refugio ha sido, durante más de 30 años, “una escuela de ilusión”, debido a “su naturaleza genuina, salvaje, mínimamente alterada”, que es “lo que ha hecho que tanta gente dedique cantidades ingentes de tiempo y esfuerzo por no hablar de dinero”.
La colonia de buitres leonados es la mayor que se conoce. Durante 31 años, y a lo largo de más de 21.057 horas de trabajo de campo, he controlado 3.693 pollos de buitre leonado que han salido adelante, en 674 nidos diferentes; 361 pollos volados de alimoche, en 70 nidos distintos (ha habido otros 18 nidos en los que fracasó la reproducción); etcétera. Al menos 20 especies de aves rapaces se han reproducido con éxito alguna vez, en el Refugio o en sus inmediaciones. Hemos registrado un total de 318 especies de vertebrados. En el reciente Atlas de las Aves Reproductoras de España, las cuatro cuadrículas del Refugio destacan entre las de máxima categoría, por lo que respecta al número de especies nidificantes (más de cien en cada una de ellas). Se incluyen especies en peligro, como el alimoche (que ha tenido aquí los nidos más próximos conocidos en Europa) o la alondra de Dupont (uno de los motivos por los que se declaró la Zona de Especial Protección para las Aves).
En 2005, el número de pollos volados de buitre ha sido el menor de los diez últimos años. En varias peñas, el elevadísimo fracaso reproductor se ha debido en parte a las molestias ocasionadas por el exceso de visitantes (tenemos datos concretos al respecto). Han debido influir también otros motivos; incluyendo el hambre, mitigada gracias a los comederos de buitres, pero acentuada por ciertas normativas sobre la eliminación de cadáveres animales.
En una entrevista publicada en 1987, Hoticiano Hernando decía: “Yo creo que hace falta más guardería. Yo no soy suficiente; no puedo estar en varios sitios a la vez, y el principal problema del Refugio son los visitantes.”
Algunos creíamos entonces que el proyectado Parque Natural podría contribuir a paliar este problema. Sin embargo, hasta ahora ha sido al revés, dando la razón a los muchos naturalistas y lugareños que se habían opuesto a este Parque. Antes incluso de su declaración, ya se aprobó un programa de uso público tremendamente agresivo, incumpliendo la propia normativa de la Junta de Castilla y León, y sin hacer caso de los argumentos y de los cientos de firmas que les enviamos. Finalmente, una parte importante de dicho programa fue modificada de forma positiva; por lo que felicitamos a los responsables. No obstante, es bien triste el destrozo innecesario y brutal (e ilegal) que se ha realizado impunemente en algunas “sendas”, en nombre de la “conservación”. Resulta irónico que la misma empresa que utiliza maquinaria para ello, sin respetar ni siquiera la zona de Reserva, coloque paneles advirtiendo del problema de la destrucción de los hábitats y del aumento de la población humana.
Hace años escribí a la Junta haciendo notar que determinadas zonas valiosas habían quedado fuera del Parque proyectado. Ahora, tenemos que alegrarnos de que algunas de esas zonas se hayan librado de este tipo de “protección”.
Fue en Montejo donde se constituyó, en 1991, la Unión de Grupos Naturalistas de Castilla y León, que jugó un activo papel durante varios años. También fue en Montejo donde la Sociedad para la Conservación de los Vertebrados celebró su primera Asamblea General; y donde ha realizado la última, hace dos meses. Por cierto, en su comunicado destacan el enorme y decisivo trabajo de la guardería del Refugio, y de infinidad de naturalistas, “que han realizado y realizarán una labor de gran sacrificio sin el debido reconocimiento, y que deberían ser más tenidos en cuenta”.
En un escrito respaldado en 2004 por más de cuatrocientos firmantes (incluyendo a gran parte de los mejores conocedores de la zona, y también a varios de los principales ornitólogos de Europa), indicábamos que ignorar (y peor aún despreciar) a las personas que más han trabajado para estudiar y defender el Refugio, que más saben de estos temas, y que más pueden ayudar, además de ser injusto, es un grave error. También es una pena, pues todos desearíamos que estas tierras hermosas, que han movido tantas voluntades para defenderlas, mantuvieran su esplendor natural y su equilibrio; y siguieran siendo “una escuela de ilusión”.










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