Presentes para ciudades sostenibles
Las ciudades existen desde hace unos 8.000 años. Desde entonces, se han convertido en la cuna de la innovación y del desarrollo.
En ellas, germinan las ideas que permiten los procesos de cambio. Éstos deben producirse dentro de un desarrollo sostenible, es decir, aquél que es capaz de satisfacer las necesidades actuales sin comprometer las futuras.
“Hábitat” es un programa de las Naciones Unidas que pretende asentar las bases de un debate colectivo sobre los problemas y oportunidades de las ciudades, además de las políticas que se deben emprender para contribuir a su desarrollo sostenible. Para ello, cada dos años se convoca el Premio Internacional de Dubai para galardonar los programas que mejoren la calidad de vida de las ciudades.
En el concurso fallado en octubre de 2004, fueron premiados con la máxima distinción diez proyectos, entre los que se encontraban el “Programa Agricultura Urbana” que se realiza en Rosario (Argentina) y las “Semillas del Mañana” que se ha implantado en Aurá (Brasil). Además el jurado concedió una mención especial al proyecto “Circo Volador” que se desarrolla en Ciudad de México.
El primero de ellos consiste en un proceso en el que se han implicado más de diez mil familias. Ha servido para que cerca de 40.000 personas salgan de la crisis que provocó la carencia de alimentos en la población argentina a principios de este siglo. El programa también ha contribuido a la seguridad, a la consecución de una vivienda y a la mejora de las condiciones de vida de las mujeres.
El segundo, es una iniciativa del gobierno de Aurá en Brasil. Su principal objetivo ha sido la erradicación del trabajo infantil a través de la mejora de los empleos dirigidos a la población adulta y de un incremento de la renta de los mismos. Además también se pretendían mejorar las condiciones de salud y de higiene sanitaria y el respeto al medio ambiente por parte de la población. Los resultados del programa han supuesto la erradicación total del trabajo infantil en esta zona, la disminución del 32% de la desnutrición infantil, del 15% de las enfermedades de piel y la reducción del 80% de crecimiento infantil subnormal.
La mención especial del jurado recayó en el proyecto “Circo Volador” de Ciudad de México. Este antiguo cine fue rehabilitado por diferentes jóvenes para construir un espacio de intercambio de ideas, de fortalecimiento de la identidad juvenil, y de la construcción y difusión de lenguajes comunes. Poco a poco ha ido creciendo, y hoy en día se ha convertido en un lugar para que los diferentes sectores excluidos se puedan volver a insertar en la sociedad a través de diferentes cursos gratuitos y talleres.
También han sido reconocidos con la tercera máxima distinción otros cien proyectos de América relacionados con el desarrollo sostenible de las ciudades. Entre ellos se encuentra “El Programa Municipal de Atención Integral para Niños y Adolescentes de la Calle”. Éste engloba un conjunto de acciones coordinadas por el Ayuntamiento de Porto Alegre, cuyo objetivo es que los niños y adolescentes que viven en las calles se reintegren en la sociedad. Además, este proyecto también trata de evitar que se reproduzcan situaciones de acoso sexual, maltrato, adicción a las drogas y trabajo infantil en menores y adolescentes.
Otro de los premiados ha sido el Proyecto Tercer Milenio que se ha llevado a cabo en Bogotá (Colombia) que trata de impulsar la recuperación urbana y social de la parte de la capital donde se desarrollan las labores de gobierno. Para ello, el alcalde de la ciudad en 1998, Enrique Peñalosa, creó una gran área verde y urbanizó las áreas colindantes. Además, ha conseguido una mayor calidad de vida para los 10.000 habitantes que viven en esta zona de Bogotá.
Todos estos proyectos nacieron con la voluntad de mejorar el entorno que les rodeaba. Las personas sin nombre que han participado en ellos han demostrado que lo hicieron porque era posible. Ahora las Naciones Unidas premia y señala estos proyectos como ejemplos de presente para alcanzar un desarrollo de futuro y sostenible en las ciudades. Ocho mil años después de que nacieran, las ciudades se resisten a que su crecimiento acabe con ellas y con sus ciudadanos.










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