Cultura y maltrato animal
Durante siglos ha sido la cultura el principal valor que ha engrandecido al hombre.
Gracias a ella, ha recogido todo lo bello captado por cada uno de sus sentidos, ha almacenado toda su historia, ha transmitido sus conocimientos, sus tradiciones, sus costumbres. En pocas palabras, ha definido a los pueblos.
Pero en los últimos años, ciertos personajes que, paradójicamente, se auto-califican como “miembros de la cultura” (en nuestro país, Albert Boadella, Antonio Burgos, etc), se han dedicado a llenarla de todo tipo de inmundicias. Así pues, cuando una salvajada, una injusticia o una situación de privilegio no hay como justificarla, enseguida se recurre a la protegerla bajo el manto de la tradición y la cultura: ¿Porqué hay que tirar una cabra por un campanario?; porque es tradición. ¿Porqué hay que seguir martirizando un animal en una plaza de toros?; porque forma parte de nuestra cultura. ¿Porqué no puede participar la mujer en el Alarde de San Sebastián?; porque tradicionalmente nunca a participado. ¿Porque no pueden las mujeres pescar en la Albufera de Valencia?; porque tradicionalmente nunca han participado. ¿Porqué no se pueden casar los homosexuales?; porque la familia tradicional la forman parejas heterosexuales, etc, etc. Tradición, ya saben: una cosa está mal; pero como siempre se ha hecho mal, hay que seguir haciéndola. La lógica de “los cultos”.
Y no queda la cosa aquí: aún hay grandes defensores de la cultura y las tradiciones que justifican la ablación del clítoris y las lapidaciones.
Si sigue cundiendo el ejemplo, no tardará en aparecer el constructor que justifique la ausencia de cascos en sus empleados bajo el argumento de que “el antiquísimo gremio de los albañiles nunca lo han utilizado”; o el inmigrante colombiano que justifique su cargamento de droga con el argumento de que “masticar hojas de coca forma parte de la milenaria cultura de su pueblo”.
El otro día, en una emisora de radio, un oyente decía que “tener talante no significa nada; ya que puede haber buen talante o mal talante”. De igual forma, decir que algo es una tradición no es decir gran cosa; ya que pueden haber buenas y malas tradiciones. Continuar haciendo una cosa mal bajo el argumento de que se ha hecho mal toda la vida, es de lo más ridículo.
Desde aquí invito a todos los responsables de la cultura de los distintos organismos públicos y privados a que limpien nuestra cultura de toda la mierda que algunos pretenden perpetuar y, a la vez, protejan aquellos elementos culturales que realmente merezcan la pena, hasta conseguir construir una cultura del siglo XXI, no violenta, respetuosa de los derechos de todos los animales (incluidos los humanos), solidaria, democrática y ecológica; al igual que los responsables de urbanismo conservan los edificios viejos que merecen la pena y derriban los que no la merecen, para en su lugar colocar los nuevos y dibujar un paisaje acorde con nuestros tiempos.
La lucha por no maltratar a los animales, también es una lucha por mejorar nuestra cultura; lo contrario, NO.










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