Día de la Tierra: para pensar
Coincidiendo con la frase que dice: “con la indiferencia empieza el apocalipsis”, considero que en materia de valorización de “nuestra propia casa”, hay más indiferentes de lo que uno desearía.
Esta actitud de creer que el deterioro del Planeta es un problema de otros, nos está indicando la gravedad del proceso de crisis ambiental, que se ensaña con mayor fuerza sobre los sectores más débiles y empobrecidos del mundo.
Este día, que se conmemora desde 1970, primero en los EE.UU. y a posterior, producto de la difusión realizada por distintas entidades, universalmente, no puede ser entendido como una celebración más, para que después de escuchar discursos y declamaciones floridas, todo siga igual y el mundo avance un paso más hacia el precipicio.
El objetivo primordial de la fecha apuntaba a que a través de la participación de autoridades estatales, sociedad civil, organizaciones no gubernamentales, en distintas actividades, se lograra arraigar una conciencia ambiental respetuosa de nuestro hogar, la Tierra.
35 años se han cumplido desde el establecimiento de la conmemoración, pero el accionar de quienes gerencian el proceso de desarrollo globalizador no ha evolucionado hacia estadios más saludables en la relación con el Planeta, y cada día que pasó se fue ampliando el divorcio de nuestros orígenes. La avidez descontrolada y la irracionalidad tecnológica han puesto al futuro común en serios riesgos. Como afirma Eduardo Galeano, en muchos subsiste el perverso concepto de que la “Tierra es una pista de carreras y la naturaleza un obstáculo a vencer”.
Nuestra soberbia, ha llevado, según palabras de Adolfo Beltzer, a que: “El viejo pacto que unía el hombre a la naturaleza haya sido roto, pues nuestra especie está segura de poseer el poder suficiente para independizarse del vasto complejo biológico que fue suyo desde que habita el planeta”.
Frente a la profunda crisis ambiental que pone en dudas la viabilidad del futuro, es necesario reconstruir nuestros lazos fraternos con la Tierra.
Si queremos que las cosas cambien, es necesario profundizar nuestras visiones y percepciones sobre el mundo que nos rodea, modificando toda una actitud cultural de “amos y señores de la naturaleza”, aunque más no sea para tratar de evitar que los actuales problemas ecológicos, todavía relativamente manejables, se transformen en un alud incontenible que sepulte la vida.
En 1969, con la llegada del hombre a la Luna, muchos comenzaron a variar esta mirada, identificandose con la bella cita siguiente:
“Fue el año en que nos vimos por primera vez en aquellas gloriosas fotografías de toda la Tierra…..Sabíamos que el mundo era redondo, por supuesto, pero comprobarlo con nuestros propios ojos era diferente….
Es una ironía suprema que tuviéramos que salir de nuestro planeta antes de que realmente pudiésemos verlo. Cuando los astronautas nos mostraron el aspecto que tenía nuestro mundo desde el espacio, fue como si nos hubieran acercado un espejo para que contempláramos nuestro reflejo. La imagen de la Tierra, bella, frágil, bailando en el espacio, fue enviada de un punto a otro del globo por los sistemas electrónicos de comunicación y se grabó en forma indeleble en nuestro cerebro.
Este acontecimiento fue como una señal que nos decía que acababa de llegar la hora de decidir cómo debemos contemplar nuestro mundo y la relación que tenemos con él. La creencia contemporánea de que la Tierra puede explotarse de un modo indefinido, sencillamente no concordaba con lo que sentíamos al ver las imágenes televisivas del planeta azul y blanco flotando en el vacío. Fue como si la vida reconociera a la vida.” (1)
Aunque estas visiones han calado hondo en una gran parte de la gente, todavía falta mucho para que aquellos que tienen en sus manos el destino de toda la humanidad abandonen sus prácticas y actividades agresivas con el entorno, adoptando un modelo de desarrollo sustentable y una más justa distribución de la riqueza. ¿Cómo es posible que estemos dilapidando nuestro patrimonio y, encima, lo llamemos “progreso”? (2)
Sin renunciar a la lucha por un mundo que merezca ser vivido, alcemos la voz, con las estrofas del tema “Planeta Nuestro” de Marilina Ross y digamos: “Planeta nuestro que estás en los cielos con tantos hermanos a tu alrededor, porqué no lanzas un S.O.S que quede flotando en la inmensidad, tus ríos arrastrando van vertidos industriales, tus bosques arrasados y agujeros celestiales y quieren convencernos que es en nombre del progreso, habrá que barajar y dar de nuevo… Planeta Nuestro en nombre de todos, te pido Perdón!!!.
Docente
Ref: 1.- GAIA, La Tierra Inteligente” Paul Devereux, Edit. Martínez Roca, 91
2.- La Explosión Demográfica, Paul y Anne Ehrlich, Bib.Científica Salvat, pág. 38










Zona de discusión - Deja su comentario